miércoles, 20 de mayo de 2020

Corrupción y longaniza


José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Desde la Independencia hemos sido un país a la vez legalista y crédulo. Siempre se ha pensado que bastan las leyes para cambiar situaciones desfavorables, que los textos van acompañados de virtudes mágicas que aseguran su cumplimiento, y que para resolver cualquier problema solo se requiere una reforma constitucional.

Con frecuencia reflexiono sobre la novela Manuela, de Eugenio Díaz (1803-1865), que, como toda obra “clásica”, está ausente de las clases. Aunque de las mejores que se han escrito en Colombia, es de lamentar que no haya influido en nuestro pensamiento.

Eugenio Díaz era un sencillo campesino, pero buen lector, de algún municipio calentano de Cundinamarca. Nos narra la situación de miseria del pueblo y cómo lo explotan gamonales y caciques, lo que escandaliza a los señoritos bogotanos, que de tanto en tanto, cuando bajan a la provincia, exclaman que esa situación no puede darse, porque la ley tal, el decreto cual o equis reforma constitucional están vigentes…

Esos mismos jóvenes idealistas regresan a la capital a perfeccionar esos textos o a idear otros, mientras gamonales y caciques siguen explotando a los humildes.

Traigo esto a cuento porque una pandemia paralela recorre el país, con el aprovechamiento de la emergencia para saquear la tesorería de muchos municipios, donde los alcaldes se inmortalizan con decretos, protocolos y contratos…, pero como miles de constituciones, leyes, decretos y resoluciones están “vigentes”, nada puede hacerse.

Dudo que haya un país con legislación anticorrupción más abundante. Es verdad que los hay más corruptos, pero no podemos ignorar los incesantes esfuerzos hechos por alcanzarlos entre 2010 y 2018.

Ahora bien, mientras sigamos legislando contra la corrupción, pero eligiendo y nombrando pícaros, Colombia seguirá subiendo en el ranking vergonzoso que anualmente publica Transparencia Internacional.

Hay que considerar el contrasentido de “amarrar el gato con longaniza”, que es precisamente lo que se hace creyendo que mientras haya leyes, etcétera, vigentes contra la corrupción, podremos seguir tolerando burocracias y clientelas podridas, pensando que si esas gentes violan las normas, contralor, fiscal y procurador llevarán a los “presuntos” ante los jueces, sin detenernos a pensar en la aterradora ineptitud de las “ías” clientelistas y en la postración moral del politizado poder judicial.

No puede pedirse peras al olmo. Si los jueces han sido formados en el odio por todos los principios del derecho y la democracia, que para sus profesores son mecanismos burgueses de opresión, no es de extrañar que la justicia haya terminado como un mecanismo al servicio de la revolución, porque únicamente es “ético”, lo que a ella conduzca.

Considerando estos hechos, pienso que existe una “longaniza legal”, para tranquilizarnos, porque se está “amarrando” a una impresionante cantidad de jueces, docentes y funcionarios públicos comprometidos con la revolución, capaces de todo, dentro de una inextricable maraña “legal”.

¿Y qué pensar del nombramiento de la esposa de Roy Barreras, por parte del nuevo fiscal, como Directora de Apoyo de Seguridad Ciudadana?, a menos que eso sea la señal de que el sulfuroso senador estará totalmente blindado.

¿Podrá alguien creer que mientras estén “vigentes” tantas leyes, etcétera, Claudia López ejercerá la alcaldía ceñida a ellas, en vez de abusar día y noche del poder, de la mermelada, la demagogia y las juntas de acción comunal, hasta llegar a la presidencia?

¿Cuándo se nombrará y elegirá a gentes moralmente idóneas, en vez de seguir legislando y dictando decretos, para confiar su ejecución a personal indigno de confianza?

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—Civilización, de Niall Ferguson. A finales de 2018 califiqué como mediocre el libro El Imperio Británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial”, de Niall Ferguson (Barcelona: Debate; 2016). Por tanto, no pensaba volver a leer a este connotado historiador, pero por amable insistencia de un gran lector, Luis Alfonso García Carmona, tomé Civilización: Occidente y el resto” (Barcelona: Debate; 2012, 508 pag.), que inmediatamente me agarró por su agilidad, original análisis e impecable y abundantísima documentación. Como este libro es especialmente recomendable, solo llamaré la atención sobre uno de los centenares de temas que trata con erudición y propiedad.

El autor parte del hecho de que hace cinco siglos los pequeños países de Europa Occidental eran muy pobres y estaban muy atrasados en comparación con China e India. Luego pasa a explicar cómo en esos cinco siglos se desarrolló la civilización en Europa, y cómo esta, encabezada ahora por los Estados Unidos (y de la cual Iberoamérica forma parte inseparable), ha llegado a dominar al mundo política, mental y culturalmente.

A esto se ha llegado gracias a varios factores: libertad para competir, ligada al concepto de la autonomía individual; desarrollo de la ciencia; respeto por la propiedad privada; predominio de la medicina moderna; la ética del trabajo, derivada del cristianismo, y el acceso generalizado a la sociedad de consumo.

Como historiador, Ferguson se pregunta una y otra vez si Occidente está a punto de perder su preponderancia, lo que lo lleva a ocuparse de China.

No puedo, entonces, dejar de llamar la atención sobre un tema bien poco conocido, como es la situación del cristianismo en ese país. Pensábamos que los protestantes eran cuatro o cinco veces más numerosos que los católicos, y que el cristianismo estaba prácticamente extinguido, porque desde el triunfo de Mao, en 1949, la persecución ha sido sistemática e implacable.

Sin embargo, Ferguson, que ha visitado detenidamente ese país, considera que los cristianos superan actualmente los 130 millones, cifra para mí sorprendente, que indica que esa minoría ya alcanza a ser algo así como el 8% de la población, lo que explicaría el recrudecimiento reciente de la persecución, la destrucción de templos y el encarcelamiento de los sacerdotes que no se someten a la “Iglesia Patriótica”, organizada por el gobierno para ordenar el contenido de la predicación y determinar las creencias.

Si los cristianos han sobrevivido y crecido tanto bajo ese implacable régimen, es incomprensible el Acuerdo de septiembre 2018 entre el papa Bergoglio y el gobierno chino, que entrega a este el nombramiento de los obispos y fusiona la Iglesia fiel y perseguida con la oficial al servicio del gobierno. El clero católico, empezando por el cardenal Zen, ha rechazado la supeditación a ese régimen ateo, totalitario, abortista y opresor, que también está aplastando la minoría musulmana de los Uighir.

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—Der Spiegel mayo 15, 2020, informa que la agencia alemana de Inteligencia (BND) tiene capacidad de supervisar (überwachten) hasta 1.2 billones de emails y telefonemas diariamente.