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lunes, 28 de agosto de 2023

Editorial: sucesos de la semana


Antonio Montoya H.
En su editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. inicia refiriéndose a la muerte de Yevgueni Prigozhin, el líder del grupo paramilitar ruso Wagner y también habla de los congresistas de Colombia que buscan la manera de no ver afectados sus salarios con la reforma que está en estudio en este momento; del Pacto Histórico con sus divisiones y las inasistencias a los actos protocolarios del presidente Gustavo Petro; la crisis de las EPS; el encuentro del presidente con su hijo Nicolás; el cierre de las vías a los Llanos y las afectaciones del invierno en el país; la crítica a Gustavo Petro por darle validez al trino de que el Canal de Panamá cerraba por falta de agua; los incendios que afectan a varios territorios en el mundo, y concluye con la deplorable descalificación del presidente a las amenazas contra el fiscal general de la Nación.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Las reencarnaciones del eterno KGB

José Alvear Sanín
Por:
José Alvear Sanín*

Entre las muchas citas apócrifas de Winston Churchill circula aquella de que “Rusia es un enigma envuelto en un acertijo dentro de un laberinto”, para significar la dificultad de acertar cuando se trata de comprender e interpretar las decisiones y actuaciones del Gobierno de ese país a lo largo de la historia.

Catherine Belton fue corresponsal durante seis años del Financial Times en Moscú y aguda periodista de investigación en Reuters. Es autora del libro Los Hombres de Putin (Ariel- Planeta Colombiana, Bogotá, 2022), que lleva como subtítulo Cómo el KGB se apoderó de Rusia y se enfrentó a Occidente, calificado por The Sunday Times como “el libro del año 2021”. Este gran estudio ilumina muchos aspectos sorprendentes, desconocidos y desconcertantes del verdadero poder en Rusia.

La gran investigación de Ms. Belton, de 695 páginas, está respaldada por 152 de apretadas notas. Sus protagonistas son los centenares de “oligarcas” que se repartieron los despojos económicos de la URSS, comunista, despótica e improductiva, sobre los cuales construyeron enormes emporios comerciales, industriales y financieros.

En su mayor parte estos magnates, antes de la Perestroika y de la eliminación del Partido Comunista bajo Yeltsin, fueron cuadros del KGB o altos funcionarios que dirigían sectores económicos, fábricas, regiones, etc., pero también surgieron jóvenes emprendedores que edificaron colosales empresas y fortunas mientras el tránsito hacia la economía de mercado causaba los traumatismos sociales que nos ha descrito de manera incomparable Svetlana Alexiévich en El fin del homo sovieticus, del que hace poco nos ocupamos.

Tambaleante, alcoholizado y manipulado por sus corruptos familiares, Yeltsin es sucedido por Putin en 1999, una figura secundaria procedente del KGB, aupado a la Presidencia precisamente por esa tenebrosa agencia.

El libro de Catherine Belton se ocupa del acceso de Putin, de su consolidación, de la infinita y lucrativa corrupción que lo ha enriquecido desmesuradamente, y de cómo se ha convertido en dictador omnipotente, empeñado en la recuperación del poderío de la antigua gran potencia, motivado siempre por un rechazo profundo y revanchista de todo lo occidental. Fue escrito antes del inicio de la pandemia, y por tanto no se ocupa de la infame guerra contra Ucrania, pero no ha perdido su interés. Por tal razón lo recomiendo, pero me alejo de su tratamiento de la actualidad, para referirme más bien a lo que se infiere de su lectura sobre la verdadera fuente del poder en Rusia a partir de 1917.

El monolítico comunismo soviético parecía destinado a conquistar y dominar el mundo: gobernaba el mayor imperio territorial; tenía inmenso poder nuclear; ejercía una dictadura aterradora e implacable y dirigía un partido revolucionario profesional que operaba en todos los países.

El Kremlin se presentaba como una fuerza inconmovible cuyo poderío crecía sin parar. Nadie pronosticaba la caída de la URSS, con excepción de Emmanuel Todd con La Chute Finale (1976), que preveía la implosión de un modelo incapaz e improductivo que había hecho de la URSS una potencia nuclear con nivel de vida africano, carcomida por la ineficiencia, la corrupción, el alcoholismo masivo, una industria anquilosada y atraso tecnológico, salvo en armamento atómico.

La caída llegó más bien con la llegada a la Presidencia de Mijail Gorbachov, quien a partir de 1990 intentó modernizar, moderar y reformar el régimen comunista. Su Perestroika no tuvo éxito porque consistía apenas en remedios caseros dentro de la ortodoxia comunista, obviamente insuficientes. Por esa razón, de repente el partido único fue destronado por Yeltsin (1993 y siguientes años), quien decretó el retorno a la economía de mercado y las libertades individuales.

Lo que siguió fue increíble: la reunificación alemana; la libertad de los países satélites; la eliminación del enorme subsidio a Cuba; la cesación del apoyo a las guerrillas africanas y latinoamericanas; la economía de mercado; la agricultura privada; la libertad individual y religiosa; la emancipación de varias repúblicas de la extinta URSS, etc.

¡Que todo eso hubiera sido hecho por quienes habían llegado a ser los jefes del PC-URSS, siempre me pareció inexplicable, pero el libro de Catherine Belton me revela que realmente Gorbachov primero, y Yeltsin luego, con la ilegalización del partido comunista, actuaban a órdenes del KGB!

A partir de la Revolución de Octubre ese organismo constituía en realidad el verdadero poder en la Unión Soviética, primero como CHEKA; luego como NKVD; más tarde como KGB, que a finales del siglo XX, caído el comunismo, se transformó en FSB. Estas siglas indican diferentes grados en el ejercicio del terror.

La dirección del KGB fue evolucionando entonces hasta comprender que había que derrocar el partido y establecer la economía de mercado para impedir el colapso total del país; y también para el fenomenal enriquecimiento de sus apparatchik, que ya habían transferido inmensos capitales a paraísos fiscales y a países capitalistas.

Más tarde, a medida que una economía libre empezaba a amenazar el poder del KGB, esa organización planta a Putin en la Presidencia, tanto para reforzar su control sobre el gobierno como para dominar y dirigir la economía, hasta llegar a la situación actual, en la que todos los grandes negocios dependen de la combinación entre el actual FSB y la tenebrosa Solntsevskaya, la mafia rusa del crimen organizado. Quien se aleja de esta combinación va a la cárcel, como hemos visto con tantos oligarcas caídos en desgracia y cuyas empresas son luego ocupadas por amigos de ese binomio.

Cuando reflexiono sobre el poder indiscutible, corrupto y perenne del mecanismo del terror, originado por Lenin con la Cheka, llego a la triste conclusión de que existen poderes imprescriptibles, seculares y secretos que pasan dominando de generación en generación, como la mafia italiana, la masonería, la yakuza japonesa, el KGB. En nuestra América, el Ejército cubano y la Fuerza Armada Bolivariana — versiones criollas del KGB—  ejercen el gobierno y explotan todas las empresas en Cuba y Venezuela. Y así sucesivamente hasta llegar a Colombia, donde ya no es ocultable la alianza entre mafia y comunismo, que se dirige hacia el establecimiento y consolidación del narcoestado totalitario inconmovible y permanente.

domingo, 6 de marzo de 2022

Atroz

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Vladimir Putin, político, abogado y exagente de la temida KGB sabe matar sin piedad y es el actual presidente de la Federación Rusa, nación que ha gobernado en dos épocas diferentes. Describirlo es bastante difícil, porque es un hombre retraído, solitario, ambicioso, de mirada imposible de descifrar, frio como la nieve. En fin, es el que, desde hace varios años, disque por temor a la OTAN, protege sus fronteras e invade a otras naciones, ya lo hizo en Crimea y ahora va por Ucrania, que es un país independiente. En el año 1991 salió del yugo ruso, del cual hicieron parte 15 republicas, que constituyeron la Unión Soviética desde el año1922 hasta como lo dije anteriormente 1991.

Hemos tenido tantos locos en el poder en diferentes países a lo largo de los años, que solo demuestran frialdad para asesinar, embarcarse en conquistas como en siglos anteriores, destruyendo todo a su paso, la historia, la modernidad y el desarrollo de los pueblos, y lo más grave enviando soldados, armas, tanques, y todo tipo de misiles para matar, sí, matar a sangre fría a una población indefensa.

No pensé que la invasión se iba a realizar, sí se sabía que tenía hombres a lo largo de la frontera con todo el arsenal militar dispuesto para avanzar, pero, consideré que Putin estaba alertando a los países aliados quienes se estaban preparando para recibir en la OTAN, a Ucrania, y que, por consiguiente, por esa amenaza real, ella se abstuviera de tomar dicha decisión. Pero, no, este hombre tomó la decisión una noche del 24 de febrero y en forma violenta invadió a Ucrania.

Es triste y lamentable ver las escenas en directo de los ataques, bombardeos y destrucción, por ello, se debe calificar como un crimen de lesa humanidad y ser juzgado en la corte penal internacional, donde han sido en su momento juzgados y sentenciados a muerte por los crímenes de guerra Sadam Hussein, los verdugos nazis, los exterminadores en la guerra de Yugoeslavia, que condujo a la disolución de ese país y su división en varios territorios. Muchos otros han sido condenados como Al Bashir de Sudan, Hosni Mubarak de Egipto, Augusto Pinochet de Chile, Efraín Ríos Montt de Guatemala, Hissene Habré de Chad, en fin, la lista sería interminable. Allá tarde que temprano debe llegar este presidente ruso Putin, su accionar no es admisible, seres inermes, esperando el misil para morir salvajemente, por consiguiente, debe ser condenado. Otros fueron asesinados por la multitud como Mussolini y Muhammad Gadafi.

Me voy a concentrar en los hechos actuales, los que originan la guerra, los ataques, y lo que podría llevar a un conflicto generalizado sino se establece un dialogo y un cese al fuego bilateral.

·         El deseo de Putin es regresar a controlar a países que hicieron parte de la Unión Soviética, sueño que lo desvela.

·         La riqueza mineral de Ucrania.

·         Las exigencias de seguridad de Putin a la OTAN, para proteger, dice él, el territorio ruso y de ellas hay una fundamental es que la OTAN, retire sus fuerzas de los países que formaban parte de la Unión Soviética.

·         Demostración de poder y fuerza.

·         Amenaza de una guerra nuclear.

·         Perpetuarse en el poder. Objetivo que tiene desde el año 1999.

Hay muchas más razones, donde impera la economía, la independencia y la supremacía, todas ellas, conllevan a enfrentamientos muerte y dolor.

Para resaltar es indudable la demostración de amor de los ucranianos por su país, su deseo de mantener su independencia y las muestras de amor, dignidad y entrega, si es necesario, de su vida. Hemos visto políticos, deportistas, personas del común con las armas en la mano para defender su tierra, actos de heroísmo múltiples, como cuando personas desarmadas impidieron el paso de un tanque y este no los atacó, ni paso sobre ellos, prefirió dar una vuelta y regresar.

La guerra no conduce a nada, la invasión de un país a otro tampoco, porque el que hace fuerte un país es el sentimiento de nación y este está en la mente de los hombres. Podrán tomarse a Ucrania, pero el sentimiento de nación jamás se perderá y los rusos no ganarán nada diferente al odio y al repudio, aunque estoy seguro que más de la mitad de su población no quiere guerra. Basta ya. No más muertes sin razón.