lunes, 28 de agosto de 2023
Editorial: sucesos de la semana
miércoles, 2 de noviembre de 2022
Las reencarnaciones del eterno KGB
Entre
las muchas citas apócrifas de Winston Churchill circula aquella de que “Rusia
es un enigma envuelto en un acertijo dentro de un laberinto”, para
significar la dificultad de acertar cuando se trata de comprender e interpretar
las decisiones y actuaciones del Gobierno de ese país a lo largo de la
historia.
Catherine
Belton fue corresponsal durante seis años del Financial Times en Moscú y aguda periodista de investigación en
Reuters. Es autora del libro Los Hombres
de Putin (Ariel- Planeta Colombiana, Bogotá, 2022), que lleva como
subtítulo Cómo el KGB se apoderó de Rusia
y se enfrentó a Occidente, calificado por The Sunday Times como “el libro del año 2021”. Este gran estudio
ilumina muchos aspectos sorprendentes, desconocidos y desconcertantes del
verdadero poder en Rusia.
La
gran investigación de Ms. Belton, de 695 páginas, está respaldada por 152 de
apretadas notas. Sus protagonistas son los centenares de “oligarcas” que se
repartieron los despojos económicos de la URSS, comunista, despótica e
improductiva, sobre los cuales construyeron enormes emporios comerciales,
industriales y financieros.
En
su mayor parte estos magnates, antes de la Perestroika y de la eliminación del
Partido Comunista bajo Yeltsin, fueron cuadros del KGB o altos funcionarios que
dirigían sectores económicos, fábricas, regiones, etc., pero también surgieron
jóvenes emprendedores que edificaron colosales empresas y fortunas mientras el
tránsito hacia la economía de mercado causaba los traumatismos sociales que nos
ha descrito de manera incomparable Svetlana Alexiévich en El fin del homo sovieticus, del que hace poco nos ocupamos.
Tambaleante,
alcoholizado y manipulado por sus corruptos familiares, Yeltsin es sucedido por
Putin en 1999, una figura secundaria procedente del KGB, aupado a la
Presidencia precisamente por esa tenebrosa agencia.
El
libro de Catherine Belton se ocupa del acceso de Putin, de su consolidación, de
la infinita y lucrativa corrupción que lo ha enriquecido desmesuradamente, y de
cómo se ha convertido en dictador omnipotente, empeñado en la recuperación del
poderío de la antigua gran potencia, motivado siempre por un rechazo profundo y
revanchista de todo lo occidental. Fue escrito antes del inicio de la pandemia,
y por tanto no se ocupa de la infame guerra contra Ucrania, pero no ha perdido
su interés. Por tal razón lo recomiendo, pero me alejo de su tratamiento de la
actualidad, para referirme más bien a lo que se infiere de su lectura sobre la
verdadera fuente del poder en Rusia a partir de 1917.
El
monolítico comunismo soviético parecía destinado a conquistar y dominar el
mundo: gobernaba el mayor imperio territorial; tenía inmenso poder nuclear;
ejercía una dictadura aterradora e implacable y dirigía un partido
revolucionario profesional que operaba en todos los países.
El
Kremlin se presentaba como una fuerza inconmovible cuyo poderío crecía sin
parar. Nadie pronosticaba la caída de la URSS, con excepción de Emmanuel Todd
con La Chute Finale (1976), que
preveía la implosión de un modelo incapaz e improductivo que había hecho de la
URSS una potencia nuclear con nivel de vida africano, carcomida por la
ineficiencia, la corrupción, el alcoholismo masivo, una industria anquilosada y
atraso tecnológico, salvo en armamento atómico.
La
caída llegó más bien con la llegada a la Presidencia de Mijail Gorbachov, quien
a partir de 1990 intentó modernizar, moderar y reformar el régimen comunista.
Su Perestroika no tuvo éxito porque
consistía apenas en remedios caseros dentro de la ortodoxia comunista,
obviamente insuficientes. Por esa razón, de repente el partido único fue
destronado por Yeltsin (1993 y siguientes años), quien decretó el retorno a la
economía de mercado y las libertades individuales.
Lo
que siguió fue increíble: la reunificación alemana; la libertad de los países
satélites; la eliminación del enorme subsidio a Cuba; la cesación del apoyo a
las guerrillas africanas y latinoamericanas; la economía de mercado; la
agricultura privada; la libertad individual y religiosa; la emancipación de
varias repúblicas de la extinta URSS, etc.
¡Que
todo eso hubiera sido hecho por quienes habían llegado a ser los jefes del
PC-URSS, siempre me pareció inexplicable, pero el libro de Catherine Belton me revela
que realmente Gorbachov primero, y Yeltsin luego, con la ilegalización del
partido comunista, actuaban a órdenes del KGB!
A
partir de la Revolución de Octubre ese organismo constituía en realidad el
verdadero poder en la Unión Soviética, primero como CHEKA; luego como NKVD; más
tarde como KGB, que a finales del siglo XX, caído el comunismo, se transformó
en FSB. Estas siglas indican diferentes grados en el ejercicio del terror.
La
dirección del KGB fue evolucionando entonces hasta comprender que había que
derrocar el partido y establecer la economía de mercado para impedir el colapso
total del país; y también para el fenomenal enriquecimiento de sus apparatchik, que ya habían transferido
inmensos capitales a paraísos fiscales y a países capitalistas.
Más
tarde, a medida que una economía libre empezaba a amenazar el poder del KGB,
esa organización planta a Putin en la Presidencia, tanto para reforzar su
control sobre el gobierno como para dominar y dirigir la economía, hasta llegar
a la situación actual, en la que todos los grandes negocios dependen de la
combinación entre el actual FSB y la tenebrosa Solntsevskaya, la mafia rusa del crimen organizado. Quien se aleja de
esta combinación va a la cárcel, como hemos visto con tantos oligarcas caídos
en desgracia y cuyas empresas son luego ocupadas por amigos de ese binomio.
Cuando
reflexiono sobre el poder indiscutible, corrupto y perenne del mecanismo del
terror, originado por Lenin con la Cheka, llego a la triste conclusión de que
existen poderes imprescriptibles, seculares y secretos que pasan dominando de
generación en generación, como la mafia italiana, la masonería, la yakuza
japonesa, el KGB. En nuestra América, el Ejército cubano y la Fuerza Armada
Bolivariana — versiones criollas del KGB— ejercen el gobierno y explotan todas las
empresas en Cuba y Venezuela. Y así sucesivamente hasta llegar a Colombia,
donde ya no es ocultable la alianza entre mafia y comunismo, que se dirige
hacia el establecimiento y consolidación del narcoestado totalitario
inconmovible y permanente.
domingo, 6 de marzo de 2022
Atroz
Por Antonio Montoya H.*
Vladimir Putin, político, abogado y exagente de
la temida KGB sabe matar sin piedad y es el actual presidente de la Federación
Rusa, nación que ha gobernado en dos épocas diferentes. Describirlo es bastante
difícil, porque es un hombre retraído, solitario, ambicioso, de mirada
imposible de descifrar, frio como la nieve. En fin, es el que, desde hace
varios años, disque por temor a la OTAN, protege sus fronteras e invade a otras
naciones, ya lo hizo en Crimea y ahora va por Ucrania, que es un país
independiente. En el año 1991 salió del yugo ruso, del cual hicieron parte 15
republicas, que constituyeron la Unión Soviética desde el año1922 hasta como lo
dije anteriormente 1991.
Hemos tenido tantos locos en el poder en
diferentes países a lo largo de los años, que solo demuestran frialdad para
asesinar, embarcarse en conquistas como en siglos anteriores, destruyendo todo
a su paso, la historia, la modernidad y el desarrollo de los pueblos, y lo más
grave enviando soldados, armas, tanques, y todo tipo de misiles para matar, sí,
matar a sangre fría a una población indefensa.
No pensé que la invasión se iba a realizar, sí
se sabía que tenía hombres a lo largo de la frontera con todo el arsenal
militar dispuesto para avanzar, pero, consideré que Putin estaba alertando a
los países aliados quienes se estaban preparando para recibir en la OTAN, a
Ucrania, y que, por consiguiente, por esa amenaza real, ella se abstuviera de
tomar dicha decisión. Pero, no, este hombre tomó la decisión una noche del 24
de febrero y en forma violenta invadió a Ucrania.
Es triste y lamentable ver las escenas en
directo de los ataques, bombardeos y destrucción, por ello, se debe calificar
como un crimen de lesa humanidad y ser juzgado en la corte penal internacional,
donde han sido en su momento juzgados y sentenciados a muerte por los crímenes
de guerra Sadam Hussein, los verdugos nazis, los exterminadores en la guerra de
Yugoeslavia, que condujo a la disolución de ese país y su división en varios
territorios. Muchos otros han sido condenados como Al Bashir de Sudan, Hosni
Mubarak de Egipto, Augusto Pinochet de Chile, Efraín Ríos Montt de Guatemala,
Hissene Habré de Chad, en fin, la lista sería interminable. Allá tarde que
temprano debe llegar este presidente ruso Putin, su accionar no es admisible,
seres inermes, esperando el misil para morir salvajemente, por consiguiente,
debe ser condenado. Otros fueron asesinados por la multitud como Mussolini y
Muhammad Gadafi.
Me voy a concentrar en los hechos actuales, los
que originan la guerra, los ataques, y lo que podría llevar a un conflicto
generalizado sino se establece un dialogo y un cese al fuego bilateral.
·
El deseo de Putin es regresar
a controlar a países que hicieron parte de la Unión Soviética, sueño que lo
desvela.
·
La riqueza mineral de Ucrania.
·
Las exigencias de seguridad de
Putin a la OTAN, para proteger, dice él, el territorio ruso y de ellas hay una
fundamental es que la OTAN, retire sus fuerzas de los países que formaban parte
de la Unión Soviética.
·
Demostración de poder y
fuerza.
·
Amenaza de una guerra nuclear.
·
Perpetuarse en el poder.
Objetivo que tiene desde el año 1999.
Hay muchas más razones, donde impera la
economía, la independencia y la supremacía, todas ellas, conllevan a enfrentamientos
muerte y dolor.
Para resaltar es indudable la demostración de
amor de los ucranianos por su país, su deseo de mantener su independencia y las
muestras de amor, dignidad y entrega, si es necesario, de su vida. Hemos visto
políticos, deportistas, personas del común con las armas en la mano para
defender su tierra, actos de heroísmo múltiples, como cuando personas
desarmadas impidieron el paso de un tanque y este no los atacó, ni paso sobre
ellos, prefirió dar una vuelta y regresar.
La guerra no conduce a nada, la invasión de un
país a otro tampoco, porque el que hace fuerte un país es el sentimiento de
nación y este está en la mente de los hombres. Podrán tomarse a Ucrania, pero
el sentimiento de nación jamás se perderá y los rusos no ganarán nada diferente
al odio y al repudio, aunque estoy seguro que más de la mitad de su población
no quiere guerra. Basta ya. No más muertes sin razón.
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