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lunes, 29 de noviembre de 2021

El Partido Liberal

Por Antonio Montoya H.*

Ha sido vital para la subsistencia en el tiempo de la democracia en Colombia, aunado al Partido Conservador, y ambos han tenido la hegemonía en las decisiones públicas y en las grandes soluciones del país, pero, hoy me referiré únicamente al liberalismo, a sus ideales y principios y qué importancia tiene en la vida nacional este otrora importante partido.

Debo decir que soy liberal, convencido de que, a través de la libertad, la propiedad y la seguridad se puede desarrollar todo el ideario y buscar el bienestar de los ciudadanos con equidad y justicia social.  

También debo decir que respeto, tolero y comparto ideas conservadoras, porque mi vida la he regido conjuntamente con esas dos ideologías, que permiten de una manera armoniosa desarrollar a Colombia, bajo dos parámetros diferentes pero que al fin de cuentas tienen un objetivo común que es la convivencia sana, la libertad y la distribución del ingreso y la riqueza no quitando, sino estableciendo los medios para lograrlo, para ello es necesario promover la educación, el trabajo , la igualdad de oportunidades y la igualdad de condiciones.

Lo que si no entiendo es lo que ocurre hoy en el Partido Liberal, donde un expresidente se adueñó del poder, no hay discusión, no se somete al debate las alternativas que surgen para fortalecerlo, está entronizado y los aires de renovación no se ven, sus hombres se van retirando y montando rancho a parte para buscar nuevas alternativas políticas, no para trabajar con base en una ideología, sino para tener su grupo partidista como una empresa electoral, llena de ambición y de intereses personales, contrariando el pensamiento liberal.

Hoy se debe estar revolcando de la impotencia el fundador del partido José Ezequiel Rojas, quien el 16 de julio de 1848, en el acta de fundación fijó los principios que lo rigen y son vigentes actualmente, pero, que se olvidan por quienes manejan el partido, por cuanto una cosa es manejar y otra es liderar. Esta última se logra es con base en el trabajo, con el convencimiento, con la rectitud y el carisma, que logre inculcar en las nuevas generaciones esas ideas liberales, revolucionaria, pero respetuosos de la democracia, que permita a sus miembros sentirse orgullosos del papel que se representa como partido, en la vida nacional.

Sin duda alguna desde su fundación hemos tenido grandes hombres liderando las reformas sociales y económicas de Colombia, todos ellos progresistas, preparados, pensadores, luchadores que ante la adversidad se crecieron y dieron muestras de entereza moral y patriótica. Menciono entre muchos personajes al general Rafael Uribe Uribe, Enrique Olaya Herrera, Jorge Eliécer Gaitán, Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Michelsen, Luis Carlos Galán y Álvaro Uribe Vélez. Algunos de ellos han gobernado el país y otros no lo lograron por ser víctimas de la violencia, el odio y el temor a sus ideas como Gaitán, Galán  y Rafael Uribe Uribe, hombres que bastante falta le han hecho al desarrollo de Colombia, a la fe que tenían puesta en la transformación social que lideraban y que por causa de los avatares del destino cayeron todos bajo la acción de asesinos que preferían su muerte, que el cambio en la forma de gobernar a Colombia con desarrollo social, orden y disciplina.

Todos ellos fueron acompañados de lideres regionales y departamentales que aportaron también grandemente a que sus movimientos ideas y liderazgo crecieran en todo el territorio nacional.

Llegó la hora de un cambio en el Partido Liberal, que sus bases se revuelquen, citen a una gran convención nacional, que allí se debata el devenir histórico para los próximos años, se recojan sus ideas, se respeten las decisiones, se cumpla el ideario y se combata de frente la corrupción, generando así confianza en los ciudadanos, y que se sientan representados en cualquier lugar del país, porque el partido es uno solo, sus principios no tienen diferencias sociales y son los que permitirán que se trasforme en la gran fuerza que combata el populismo, la mentira, la falsedad y coadyuve con otros partidos a la restauración social y moral de Colombia.

Ahora en épocas difíciles, pensemos en grande y contribuyamos a la consolidación y transformación del Partido Liberal y de otros que también están en mora de renovarse para obtener un sistema democrático sólido y con equidad, justicia, y desarrollo armónico social y económico.

domingo, 28 de noviembre de 2021

El partidismo en la modernidad

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio*

Muchos años atrás el Partido Liberal y el Conservador eran las grandes fuerzas políticas antagónicas con diferencias ideológicas que defendían a capa y espada sus postulados. El ejercicio democrático se respetaba, pero luego llegó el llamado Frente Nacional y la sombra de Maquiavelo comenzó a aparecer. Relativamente hace poco, se unieron para votar por el mismo, (Santos) en la llamada unidad nacional. Esto me llevó a la pregunta. ¿Qué tan necesario son hoy los partidos políticos? ¿Qué desdibujadas ideologías persiguen más el reparto burocrático que una causa mayor de buscar el interés general sobre el particular?

Hoy estamos a toda suerte de cruces ideológicos mimetizado en cantidad de partidos y grupos significativos de ciudadanos que se acomodan a las oportunidades del momento. Salen fórmulas de todas partes. Vote por el que diga este, vote por el que esté en contra del otro, qué viva el partido del chontaduro, del tomate, la Coalición de la Esperanza, de la Experiencia, el Pacto Histórico, el nuevo y viejo liberalismo, el equipo ganador, el centro-centro y cuánta impactante fórmula que sume votos.

Aparecen candidatos de todas las estirpes y con variopintas estrategias de marketing político. Salir sin camisa, cargando niños ajenos, comiendo sancocho en plaza, marchando por cualquier motivo o abrazado con algún influencer político.

Los ciudadanos deben ir más allá del simple partidismo e investigar la historia, trayectoria y propuestas de cada candidato. Es un gran paso para formar una cultura política que fortalezca la democracia.

En mi opinión personal la Ley de bancadas es una muestra de cómo a estas alturas se coarta el pensamiento. No se puede estar de acuerdo en todo. Cada persona debería tener autonomía sobre sus decisiones. Las curules no deberían ser de los partidos sino de las personas y cada quien debe hacerse cargo de su pensamiento e ideología más allá de los desdibujados partidos.

P.d.1. En las elecciones a Congreso del 2018 surgieron 1.4 millones de votos anulados y/o no marcados. Lo que denota un alto analfabetismo político.

P.d.2. En plena era moderna donde las tecnologías de las comunicaciones las tenemos en la palma de la mano debemos buscar una comunicación bidireccional permanente entre electores y representantes políticos.

P.d.3. El engaño al sufragante debe ser un delito sancionado con la destitución. Ocurre cuando se promete algo en campaña y se hace lo contrario luego de ser elegido. Es mejor sospechar de políticos que ofrecen ríos de leche y miel.

lunes, 9 de noviembre de 2020

El Frente Nacional y sus consecuencias

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En la segunda mitad del siglo XX, tuvimos en Colombia serias dificultades sociales y políticas, después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, porque si bien es cierto, desde antes se estaba enraizando el germen de la violencia, fue después de la muerte del caudillo y con los gobiernos de Ospina Pérez, Laureano Gómez y Urdaneta, que reemplazó a Gomez en su enfermedad, que la violencia se despertó cruentamente y en casi todo el territorio nacional. La muerte llegó a los pueblos, a las ciudades, y en general, todas las familias se encontraron con divisiones en su interior; unos liberales y otros conservadores, generaron caos al interior de sus casas, se separaron, murieron unos y los otros salieron en fuga. Esa tragedia nacional solo paró en realidad cuando llegó el general Gustavo Rojas Pinilla al poder mediante un golpe de estado que se concreto el 13 de junio de 1953, periodo en el cual logró pacificar a los liberales del Llano y quienes, como muchos otros, se defendían a lo largo y ancho del país. Vale la pena resaltar que esa paz que se acordó con el gobierno de la dictadura se hizo en forma honesta y logró frutos.

En otra ocasión hablaré de la dictadura, lo bueno y lo malo, y los grandes errores que cometió, que al final lo llevaron a la pérdida del poder.

En esta época hubo un hombre liberal que lideró la posibilidad de lograr un acuerdo con los conservadores y ese fue Alberto Lleras Camargo, presidente dos veces, la primera en reemplazo de Alfonso López Pumarejo y la otra, en propiedad, al ganar las elecciones que lo llevaron a la presidencia durante el periodo de 1958 a 1962.

Este hombre, Alberto Lleras, en España, en el año de 1956, logró sentarse a manteles con Laureano Gómez, y otros personajes, y lograr lo que se denominó el Pacto de Benidorm, firmado el 24 de julio de ese mismo año, que permitió preparar y acometer el trabajo político que terminaría socavando a la dictadura.

En mayo 10 de 1957, salió el dictador y asumió el poder una junta militar integrada por los mayores generales Gabriel París y Deogracias Fonseca, el contralmirante Rubén Piedrahita y los brigadieres generales Rafael Navas Pardo y Luis E. Ordóñez, que gobernó por un año y dirigió el país con serenidad y verdadero espíritu democrático. Así se lograron efectuar elecciones y darle inicio al llamado Frente Nacional, en el año 1958.

Aunque en su momento histórico, este acuerdo de los partidos que se llamó el Frente Nacional, logró dimensionar a nuestro país de otra manera, ya la muerte no era la que invariablemente era la noticia, sino los acuerdos que se lograban, el llamamiento a elecciones con grandes mayorías liberales, y la instauración del primer gobierno del Frente Nacional que encabezó, como lo dije anteriormente, Alberto Lleras Camargo.

Todo esto, extraordinario en su momento e importante en los primeros 16 años de alternancia en el poder, llevó a que en esa época ningún otro movimiento político tuviera acceso al gobierno, únicamente los liberales y conservadores se repartían la burocracia, las gobernaciones y alcaldías; embajadas y consulados eran para sus miembros y nadie más lograba ocupar cargo alguno.

Indudablemente intelectuales, jóvenes profesionales, artistas, políticos y excluidos fueron alimentando la idea de obtener el gobierno y más aun cuando pasados los 16 años de alternancia se siguió repartiéndose el poder, en los años posteriores, entre los dos partidos tradicionales.

Los partidos ya no se diferenciaron, únicamente les quedó el nombre y por ello hoy pagan sus consecuencias. Ya pocos siguen los partidos, las ideologías desaparecieron y aparecieron las empresas electorales que no tienen como objetivo gobernar, sino robarse el erario, con excepción de personajes políticos con conocimiento, preparación y aptitudes de verdaderos dignatarios, que los podemos encontrar fácilmente luchando por la estabilidad de la nación, de diversas tendencias, pero sin tener el apoyo de los partidos tradicionales que se dividieron y optan por el poder.

Ese contraste entre el beneficio del acuerdo del Frente Nacional, tuvo su primer contraste en las elecciones de 1970, cuando habiendo recuperado su dignidad el general Gustavo Rojas Pinilla, casi logra el triunfo a través de un grupo llamado Anapo, que tenía a muchos liberales y conservadores de otras tendencias que querían otra alternativa de gobierno. Allí, como bien saben ustedes, surgió el movimiento guerrillero denominado M19; sus actos conocidos, las muertes que generaron, la toma del palacio, la muerte de su jefe Jaime Bateman en un accidente, el posterior acuerdo con el gobierno del presidente Virgilio Barco, en Caloto, Cauca (1990), y la muerte de su líder Carlos Pizarro León Gomez..

Tuvimos más grupos guerrilleros que partidos políticos, casi todos ellos hoy con acuerdo de paz, pero sin lograr esta de una forma seria y definitiva.

En fin, podría ser interminable, pero en conclusión para aquellos que no recuerdan estas épocas, para los que no la vivieron y no la conocen, les digo que no olvidemos nuestra historia, porque seguiremos repitiéndola sin fin. El conocimiento nos puede hacer pensar distinto y hoy más que nunca debemos pensar en nuestras familias, hijos y la herencia que dejamos. Un país en violencia es inviable y si se requiere otro gran acuerdo nacional entre todas las partes habrá que analizarlo, pensarlo y ejecutarlo; vivimos en el mismo país y todos tenemos un espacio.