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martes, 28 de julio de 2026

De cara al porvenir: el acuerdo sobre lo fundamental (3 de 3)

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Este artículo ha consultado varias fuentes, entre ellas la IA.

El “Acuerdo sobre lo Fundamental”: origen, contenido y evolución de una idea para desarmar la política en Colombia.

1. ¿Qué se entiende por “Acuerdo sobre lo Fundamental”?

El “Acuerdo sobre lo Fundamental” es una tesis política planteada por Álvaro Gómez Hurtado en 1991, en medio de la Asamblea Nacional Constituyente. No es una ley ni un artículo constitucional. Es un concepto: la propuesta establece que una sociedad dividida por la violencia y la desconfianza debe pactar unos mínimos intocables para poder convivir.

“Lo fundamental” son esas reglas del juego que todos aceptan, sin importar si ganan o pierden las elecciones. Incluye: la vida, la propiedad privada, el régimen democrático, la independencia de la justicia, el monopolio de las armas en cabeza del Estado y la unidad nacional. La idea es sacar esos temas del debate electoral. Se compite por el gobierno, no por el régimen. Se discute el modelo económico, no si existe o no la propiedad. Se disputa el poder, no la existencia del Estado.

En palabras de Gómez: “Hagamos la política discutible, para que la patria sea indiscutible”. El acuerdo busca que la diferencia política no se degrade en guerra civil. Es un pacto civilizatorio previo a cualquier pacto de gobierno.

2. Origen histórico: el diagnóstico de la violencia

El concepto nace de una lectura histórica de Colombia. Gómez Hurtado, conservador y varias veces candidato presidencial, concluyó que el país no tenía guerras por hambre, sino por política. Desde el siglo XIX, liberales y conservadores no se mataban por pan, sino por el régimen: federalismo vs. centralismo, Estado laico vs. confesional, librecambio vs. protección. Cada elección era una apuesta existencial. El que perdía sentía que perdía la patria y tomaba las armas.

Esa lógica se repitió en la Violencia de los años 50, en el surgimiento de las guerrillas en los 60 y en el narcoterrorismo de los 80. Para Gómez, la raíz era la misma: no habíamos acordado lo fundamental. Todo estaba en disputa. Si el Estado mismo, la propiedad o la vida eran negociables según el resultado electoral, entonces la política era una guerra con otros medios.

Por eso, en la Constituyente de 1991, Gómez propuso el Acuerdo sobre lo Fundamental como precondición de la paz. Su argumento: no tiene sentido desarmar guerrillas si no desarmamos primero los espíritus. Y eso solo se logra si la derecha no siente que la izquierda va a abolir la propiedad, y si la izquierda no siente que la derecha va a usar el Estado para exterminarla.

3. Evolución histórica: de 1991 al proceso de paz

*1991, la Constituyente: el Acuerdo sobre lo Fundamental no quedó escrito como artículo, pero su espíritu impregnó la Carta. La Constitución del 91 es, en el fondo, un Acuerdo sobre lo Fundamental: consagra la propiedad privada con función social, Art. 58; crea la Corte Constitucional para arbitrar el régimen, no para gobernar, y establece que las Fuerzas Armadas tienen el monopolio de las armas, Art. 216. La Constituyente misma fue un ejercicio práctico del Acuerdo: guerrilleros del M-19, liberales, conservadores y movimientos sociales redactaron juntos las reglas de juego.

* Años 90 y 2000, el eclipse: La tesis perdió fuerza. El narcotráfico, el auge paramilitar y la expansión de las FARC mostraron que el Acuerdo sobre lo Fundamental no se había interiorizado. Cada actor seguía creyendo que podía refundar el país por la fuerza. El Gobierno de Uribe priorizó la “Seguridad democrática” —recuperar el monopolio de las armas— pero sin un pacto político de fondo. La oposición denunció que se estaba cerrando el régimen. El Acuerdo seguía pendiente.

* 2012-2016, La Habana: el proceso de paz con las FARC fue el mayor intento de materializar el Acuerdo sobre lo Fundamental desde 1991. Los seis puntos pactados —tierras, participación política, drogas, víctimas, fin del conflicto, implementación— eran, en la práctica, una delimitación de lo fundamental. Las FARC aceptaron dejar las armas y hacer política sin matar. El Estado aceptó que el problema agrario y la exclusión política eran reales y debían reformarse por vías democráticas. El plebiscito de 2016, aunque lo negó por poco margen, obligó a toda la sociedad a discutir qué cosas eran innegociables.

* 2018-2026, la polarización: tras el Acuerdo de Paz, el concepto volvió al debate. Sectores de derecha sienten que se cruzó la línea de “lo fundamental” al dar curules a ex-FARC y al crear la JEP. Sectores de izquierda sienten que el asesinato de líderes sociales demuestra que el derecho a la vida no es fundamental para todos. La frase de Gómez se cita hoy tanto para pedir “no tocar la propiedad” como para exigir “no matar opositores”. El Acuerdo sobre lo Fundamental sigue sin cerrarse.

4. Contenido actual del debate: ¿Qué es hoy “lo Fundamental”?

Casi 35 años después, hay consenso en algunos mínimos y disenso en otros:

Tema. Consenso. Disenso actual.

Vida: nadie defiende políticamente el homicidio. ¿El Estado protege igual a todos los líderes sociales?

Democracia: nadie propone dictadura. Se aceptan elecciones. ¿Las cortes tienen demasiado poder? ¿El “lawfare”anglicismo (contracción de law y warfare) que significa guerra jurídica o judicialización de la política y se refiere al uso indebido o abusivo de procedimientos legales, fiscales y judiciales para perseguir, desacreditar o inhabilitar a un adversario político, dándole una falsa apariencia de legalidad– reemplaza votos?

Propiedad: está en la Constitución. No hay proyecto de abolirla. ¿Hasta dónde llega la “función social”? ¿Expropiación exprés es válida?

Monopolio de armas: solo el Estado debe tenerlas. ¿Grupos armados ilegales son “actores políticos”? ¿Se negocia con ellos?

Unidad nacional: no hay separatismo fuerte. ¿Las autonomías regionales o indígenas rompen la unidad?

El Acuerdo sobre lo Fundamental, por tanto, no es estático. Es un proceso. Cada generación debe revalidarlo.

5. Conclusión: una tarea inconclusa

El “Acuerdo sobre lo Fundamental” es la vacuna de Gómez Hurtado contra la guerra civil. Su diagnóstico sigue vigente: mientras sintamos que en cada elección nos jugamos la existencia, la tentación de hacer trampa o de alzarse en armas no desaparece.

Su evolución muestra que Colombia ha avanzado. Pasamos de matarnos por la Constitución a matarnos por su interpretación. Ya no se discute si hay propiedad, sino qué tan redistributiva debe ser. Ya no se discute si hay elecciones, sino si son limpias. Eso es progreso, aunque no lo parezca.

Pero el Acuerdo no está sellado. Se rompe cada vez que un político llama “nefasto” al fallo de una Corte, cada vez que un grupo “mata para callar”, cada vez que se propone “refundar” el Estado desde cero.

Lograrlo exige entender que el adversario no es enemigo. Que se puede perder el gobierno sin perder la patria. Que hay cosas que no se tocan, para que todo lo demás se pueda discutir. Mientras no interioricemos eso, seguiremos administrando la violencia en lugar de superarla. Y el Acuerdo sobre lo Fundamental seguirá siendo una deuda, no un logro.

sábado, 10 de octubre de 2020

Colombia en pandemia

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramilllo*

Parece que aprendimos a manejar y convivir con la pandemia, en la calle un altísimo porcentaje de la gente porta tapabocas, claro que a muchos hay que estarles recordando que la mascarilla es para tapar nariz y boca, no es ni bufanda ni balaca y que hasta en la casa debemos utilizarla. Es que es la única vacuna con que contamos actualmente para evitar el coronavirus, acompañado de distanciamiento y lavado permanente de manos; pero lo más importante es un muy buen comportamiento individual y colectivo, evitando siempre hacer lo que no nos gustaría nos hicieran a nosotros.

 

La pandemia ya no ocupa los primeros titulares, ha venido pasando a un segundo plano y hay temas más vendedores para los medios, temas que hoy pululan en nuestro medio, donde el amarillismo desafortunadamente sigue siendo lo de mostrar y lo que al parecer es lo que nos gusta que nos muestren.

 

En esta semana las manifestaciones pacíficas y ordenadas, de los empresarios grandes, medianos y pequeños, que no le causaron trastornos a nadie, no tuvieron una difusión siquiera parecida a las manifestaciones destructivas de los violentos, porque desafortunadamente parece que nuestros medios de comunicación, están más concentrados en captar y promover imágenes de unos pocos haciendo daño, repitiéndolas noche y día, para magnificarlas y terminar logrando, sin querer queriendo, desprestigiar instituciones tan importantes para todos los colombianos, como lo es la Policía Nacional; un hecho repetido mil veces, causa el mismo efecto que una mentira repetida mil veces, la gran mayoría termina creyéndola, independientemente del error en que se incurre, el auto perjuicio.

 

Esta semana, la juez de garantías del caso Uribe, se dio cuenta de las mañas y tretas dilatorias de los exfiscales y del senador Cepeda, para impedir la libertad del expresidente, cuando la Procuraduría y la Fiscalía, la están solicitando, con el sustento jurídico pertinente; esperemos que Uribe recupere su libertad rápidamente.

 

Esta semana no fue buena para el gobernador Gaviria, desafortunadamente la fiscalía no le levantó la medida de aseguramiento y le tocará enfrentar su proceso ante la Corte Suprema de Justicia, con detención domiciliaria. Es prematuro presagiar si habrá o no nuevas elecciones en Antioquia. Lo del alcalde Quintero requiere capítulo aparte.

 

Esta semana han estado en el congreso virtual de las empresas prestadoras de servicios públicos y las de telecomunicaciones, sectores que han sido definitivos en esta pandemia. No nos ha faltado ni luz, ni agua, ni alcantarillado, ni teléfonos, ni celulares, ni internet; los planes de crecimiento en mejoría y cobertura siguen avanzando, y los temas de energías alternativas, purificación y limpieza de aguas servidas, etc. no han sido ajenos en este congreso de Andesco. Yo me siento muy orgulloso del gremio y de haber pertenecido hace ya varios años a su Junta Directiva.

 

Esta semana, mi compañera de Universidad, Piedad Córdoba, anuncio conocer los responsables de magnicidios y otros casos al parecer cometidos por las FARC, quienes ya se atribuyeron el asesinato de varias personalidades, entre ellas la del copartidario Álvaro Gómez Hurtado, el lujo de dirigente que nos perdimos en Colombia por no haberlo hecho presidente en ninguna de las tres oportunidades en que se lanzó con sus propuestas. Perdimos la posibilidad de tener un país más avanzado que el que tenemos hoy. Necesitamos que Piedad rápidamente suelte el conocimiento y las pruebas que tiene sobre tantos hechos de los que dice conocer; si ni la comisión de la verdad, ni la JEP, ni la Fiscalía, le toman rapidito su testimonio bajo la gravedad del juramento o por lo menos una versión libre, de todo lo que públicamente viene anunciando sin puntualizarlo, que por lo menos lo cuente ante los medios, para conocimiento del país.

 

A mí, por el momento, me convencen los argumentos de Mauricio Gómez, hijo del líder asesinado hace 25 años, donde las FARC se atribuyen el magnicidio para achacárselo a algunos guerrilleros muertos y que se pueda terminar el proceso, que hasta el momento caminaba en probar la responsabilidad del narcotráfico y del expresidente Samper, como responsables, por ser los directamente afectados con los últimos editoriales de Álvaro Gómez en el periódico El Siglo, donde se pedía la renuncia de Samper, por el ingreso de los dineros del narcotráfico a su campaña presidencial.

 

Que nuestro señor Jesucristo nos ayude a mantener presente el autocuidado, para poder cuidarnos y cuidar de los demás, porque seguimos en pandemia, a pesar de la cantidad de noticias que han sucedido en esta semana.