viernes, 23 de octubre de 2026

Refrescando retos

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Esta semana he estado en Lima participando en varios encuentros organizados por Fe y Alegría y que me implicaron participar activamente: inducción a nuevos directores; 50º Congreso Internacional y junta de directores nacionales. La verdad, todo interesante y muy necesario, aunque queda uno de recoger con cuchara.

Hoy quiero detenerme en una reflexión que presentó un conferencista de la Unesco, invitado para la ocasión. Afirmaba el expositor con sobrada razón que el reto de la educación es muy grande, porque sigue habiendo en el mundo dificultad de acceso a la misma. Además, el acceso o lograr la cobertura no es suficiente porque algunos deben interrumpir su proceso por múltiples factores (distancias, desmotivación, necesidad de trabajar, problemas familiares, entre otros), entonces la deserción es significativa. El permanecer tampoco garantiza el éxito del proceso, porque se puede permanecer en el sistema, pero no aprender. En efecto, la escolaridad completa de los 14 años del ciclo formal no garantiza un buen nivel educativo. Obsérvense al respecto los resultados de las pruebas de Estado o las que nos miden en el ámbito internacional: lamentables. Nuestros muchachos no saben leer, escriben mal, les cuesta hablar en público, no redactan con fluidez un texto y menos aún tienen una comprensión crítica de una lectura.

Lo grave es que no son suficientes los contenidos, los cuales se pueden aprender de memoria para recitar lo aprendido en el típico modelo bancario que en su momento denunciara Paulo Freire, lo preocupante es que mucho de eso que han aprendido no es relevante, ni sirve para la vida, la convivencia y su supervivencia. No termina la crítica aquí: mucha gente “educada” no está logrando transformar el mundo, en otras palabras, los “mejores” o solo se preocupan por su propio éxito individual y en su voracidad de éxito y dinero están acabando con el mundo, o sencillamente no les preocupa la suerte de los otros.

Estas ideas me han refrescado retos, removido la razón y sentido de lo que estoy haciendo y, sobre todo, porqué y para qué lo estoy haciendo. Por si fuera poco, dos anécdotas para cerrar hoy mi escrito:

* En Barranquilla, la persona que me presentó leyendo mi currículum, a propósito del tiempo de trabajo y experiencia en el mundo educativo, concluyó: “Como pueden ver, el padre José Leonardo se ha preparado durante 35 años para trabajar en Fe y Alegría”, una expresión que me resultó tan sugestiva como motivante. Todo tiene su tiempo y es verdad que todo ese tiempo, más los ocho de administrador provincial, sin duda alguna me han preparado mejor para tamaño reto que ahora tengo.

* Roberto, mi compañero de noviciado y también de ordenación, que ahora desde Roma coordina todo el apostolado social, me escribió: “que disfrutes ese que es el más importante destino que has tenido en tu vida: no hay nada más importante que aprender y aprender educando a los pobres pobres”. Totalmente de acuerdo. Trabajar con los pobres es una gracia de Dios. Además, siempre lo he dicho, casi que diariamente, todos los días se aprende. Sólo hay que estar atentos, pues la vida no hace sino darte lecciones y hay que estar como esponjas, con los ojos abiertos, los oídos alertas, la mente dispuesta a aprender, un proceso educativo que dura toda la vida, hasta el último minuto de nuestra existencia.