José Hilario López Agudelo
El
cobre es la piedra angular de la transición energética hacia las energías
renovables no convencionales (solar y eólica). La producción mundial de unos 23
millones de toneladas anuales de dicho metal, que, según proyecciones, en menos
de cinco años podría llegar a superar los 30 millones de toneladas, es impulsada
por la creciente demanda de tecnologías como las energías eólica y solar, la
electromovilidad (principalmente los carros eléctricos) y los sistemas
eléctricos avanzados.
La
cordillera de los Andes alberga los mayores yacimientos de cobre en el mundo.
Chile lidera la producción global, con más de 5 millones de toneladas anuales;
Perú le sigue con aproximadamente 2,5 millones, mientras que Ecuador comienza a
posicionarse como un nuevo actor emergente.
Los
estudios geológicos han evidenciado la existencia de depósitos cupríferos en la
cordillera de los Andes, desde Chile hasta Colombia. De acuerdo con el mapa
metalogénico elaborado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC), en nuestro país
se han identificado ambientes geológicos favorables en los que podrían existir
depósitos comerciales de cobre. Colombia se encuentra en la línea del cinturón
del Pacífico, franja estratégica con potencial de cobre, en la que se han
identificado tres cinturones de pórfidos cupríferos para la exploración y
potencial explotación de cobre: Cinturón Occidental –prospectos Acandí,
Murindó, Pantanos-Pegadorcito, Andágueda y Piedrancha–; Cinturón Oriental
–Andes, Infierno-Chili, Dolores y Mocoa–; Cinturón Central –prospectos
El Alacrán, Quebradona, El Pisno, Piedrasentada-Dominical y Mazamorras–. De
ellos los más avanzados son Mocoa en el Departamento del Putumayo, Quebradora
en el Departamento de Antioquia y El Alacrán en el Departamento de Córdoba.
Según
información del Visor Geográfico del Sistema Integral de Gestión Minera, en
Colombia se tienen registrados por lo menos 210 títulos activos de mediana y
gran escala, que incluyen entre sus minerales objetivo el cobre. Ana Carolina
González, directora para América Latina del Instituto de Gobernanza de los
Recursos Naturales (NRGI), estima que el 37 % del potencial de cobre
colombiano se superpone con reservas
forestales de Ley Segunda de 1959, que no permite actividades
mineras a menos que el área del título minero sea sustraída temporal o
definitivamente, es decir, que se le retire su categoría de reserva. Otro 22 %
se encuentra en áreas donde se prohíbe hacer minería, conocidas, en términos
técnicos, como áreas excluibles[1]. En total, en cerca del 60 %
del territorio nacional está prohibida y/o condicionada toda actividad minera,
situación esta que limita el interés inversionista en el gran potencial del
cobre colombiano, lo que merece un serio debate público, al que me referiré a
continuación.
El
gran reto es que en Colombia logremos efectivamente que los proyectos de cobre
no se ejecuten dentro de áreas declaradas previamente como excluidas, tales
como los parques nacionales, ni en áreas declaradas y delimitadas legalmente
como páramos y que, cuando su desarrollo cause impactos mitigables se ejecuten con
la adecuada y real participación social, y con beneficios garantizados para las
comunidades locales. Además, asegurando que en las áreas donde se realicen actividades
mineras se prevengan, corrijan o compensen los impactos a los ecosistemas y al
entorno social, para lo cual es fundamental que el Estado colombiano logre un
correcto y estricto ejercicio de autoridad ambiental, que se ciña solamente a
lo técnico y descarte la ideologización, que contrapone el desarrollo al
aprovechamiento racional de los bines naturales; que las empresas que exploten
el mineral tengan los más altos estándares en sostenibilidad desde el punto de
vista social y ambiental; que no solo se cumplan las regulaciones legales
aplicables en Colombia, sino, fundamentalmente, las que globalmente promuevan
el desarrollo sostenible a largo plazo, así como acciones concretas contra el
cambio climático.
La
minería de cobre generaría importantes ingresos para el Gobierno Nacional y las
regiones (vía impuestos y regalías), amén de empleo formal en zonas que a
menudo requieren mayor inversión estatal. El cobre colombiano debe llegar a
generar un encadenamiento productivo: la oportunidad no es solo exportar el
mineral con bajo grado de procesamiento (los llamados concentrados), sino
avanzar hasta, mediante el proceso de refinación, a producir cobre metálico, creando
una cadena de valor completa: transformando el metal en productos terminados
como cables o componentes para la industria de la electromovilidad, lo que
diversificaría la matriz exportadora del país. Ningún país del mundo se ha
enriquecido exportando minerales en bruto, ya que solo la industrialización del
producto minero crea desarrollo y bienestar compartido.
Colombia
apenas ha tenido una participación marginal en la minería de cobre, a
diferencia de sus vecinos como Chile, Perú y Ecuador, que figuran, los dos
primeros, entre los mayores productores del planeta. Aunque nuestro país no
tiene una tradición destacable en la minería del cobre, existe una mina, El
Roble, localizada en El Carmen de Atrato (Departamento del Chocó), que produce
y exporta concentrados de sulfuros de cobre, con un contenido aproximado del 18
al 20 % de cobre, que se exporta principalmente a Japón. El proceso
incluye minería subterránea, trituración, molienda y concentración por
flotación. Sin embargo “se trata de una excepción más que de una regla en el
panorama minero colombiano”, según explica el profesor Óscar Jaime Restrepo
Baena, investigador del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad
de Minas y presidente del Congreso Cobre Colombia, celebrado en dicha Facultad
en julio de 2025.
La
minería del cobre y su industrialización interna, así como la explotación del
gas natural mediante fracking en el Valle Medio del Magdalena, conforman la posibilidad
cierta que tiene nuestro país de generar los recursos fiscales que se requieren
para atender, entre otras, la crisis fiscal, la transición energética, la
crisis del sector eléctrico, la seguridad nacional y la crisis del sistema de
salud.
[1] https://www.elnuevosiglo.com.co/internacional/mapa-del-cobre-en-colombia-mucho-potencial-pero-grandes-limitantes.
Artículo publicado en el Periódico El Nuevo Sigle el 15 de julio de 2026, con
apartes de un estudio publicado por Daniela Quintero y Andrés Díaz Páez en la
agencia IPS.