Rafael Uribe Uribe
En
Medellín presenciamos un episodio grotesco, la excarcelación de delincuentes
como si la ciudad necesitara más actores para su melodrama. Estos individuos
deberían rendir cuentas ante la justicia, pero vuelven a las calles con la alcahuetería
oficial lo que sucede en vísperas electorales cuando la seguridad debería ser
un compromiso innegociable.
Lo
más inquietante es el silencio incómodo y cómplice de los gremios que hoy
prefieren el mutismo selectivo, la ciudadanía que observa resignada como si la
inseguridad fuese un fenómeno meteorológico inevitable, los medios y candidatos
callados o débiles, excepto Juan Lozano en la FM, Abelardo de la Espriella, el
gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín que se atreven a torear el
avispero, mientras las Fuerzas Armadas acuarteladas, parecen haber olvidado que
su deber principal es la defensa de la Constitución. Ese silencio, que algunos
llaman prudencia, es simplemente cobardía, el mejor aliado de los abusos de la
“Paz Total”.
A
este panorama hay que sumar el desencuentro del Gobierno con el Banco de la
República, institución independiente por mandato constitucional que cumple su
deber subiendo las tasas de interés para contener la inflación; pero cada
decisión técnica se interpreta como una afrenta política, cuando la
inestabilidad monetaria nos llevará al abismo del desorden económico. La
inflación, no se combate con reproches públicos, discursos incoherentes, ni
haciéndose la víctima, sino con herramientas eficaces así no generen aplausos.
El
sector agrario sigue atrapado en un romanticismo improductivo en vez de
fomentar tecnología avanzada, mecanización, biotecnología y sistemas de riego
inteligentes, pero persisten reglamentaciones pensadas para un país que ya, en
el campo, no existe.
Nuestra
patria avanza a trompicones, ciudades donde la seguridad se escurre entre los
dedos, instituciones económicas sometidas a presiones indebidas y un campo que
podría ser potencia, pero al que insiste en vestir con ropas del pasado; todo
acompañado por el silencio de quienes deberían alzar la voz.
Las
elecciones que se acercan exigen claridad, no resignación; instituciones
firmes, no reproches; y, unos gremios, una ciudadanía y unos medios y
candidatos que recuerden que callar es una forma de decidir; pero al revés.
¿Preferimos seguir con un gobierno comunista? eso tendremos si continuamos
mudos siguiendo el camino al holocausto.
El Rincón de Dios
A mis
amables lectores: Feliz Pascua de Resurrección
