miércoles, 8 de abril de 2026

Politiquería frente a ideas constructivas

Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Es un hecho indiscutible el mayoritario rechazo del pueblo colombiano al régimen actual y al propósito de prolongar su vigencia en el poder a través del heredero de Petro y de las FARC, Iván Cepeda.

No obstante, el acuerdo casi unánime de los colombianos en impedir la continuidad de este catastrófico gobierno, todavía flotan algunas dudas sobre el más viable camino para impedir que tal desastre se consuma. Donde algunos ven razones de incertidumbre a la hora de elegir, la decisión resulta bien sencilla si nos preguntamos lo que en realidad queremos, no lo que nos dictan los medios prepagados o los discursos engañosos que durante décadas han utilizado los politiqueros de oficio para perpetuarse en el poder. Como diría Marco Aurelio, “…quienes no siguen con atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desdichados (Meditaciones).

 ¿Queremos más de lo mismo: vana palabrería, jugarretas electoreras para ganarse unos cuantos votos, cambio de ideales o de principios por respaldos políticos, ¿utilización de la calumnia y la mentira sin vergüenza alguna? O, por el contrario, ¿aspiramos a una Patria libre no sólo del populismo totalitario que nos amenaza, sino también del cáncer de la vieja politiquería que nos ha conducido hasta el borde del abismo que vivimos?

La decisión es bien clara. Después de años de padecer estos males endémicos, somos expertos en toda clase de paliativos que sólo han servido para fortalecer a los grupos ilegales, blindar el sucio negocio de la cocaína, catapultar la corrupción como la herramienta más expedita para atornillarse al poder, entregar la educación de los niños y jóvenes a la extrema izquierda y a los fanáticos del LGTBI e iniciar el desmoronamiento de todo nuestro sistema económico. Es el fruto de la entrega del país al binomio Santos-FARC mediante el espurio acuerdo de La Habana, de la elección  de Presidentes obsesionados con cumplir los compromisos acordados con los facinerosos de las FARC  sin exigir nada a cambio, de la política tibia y alcahueta con la criminalidad que ahora llaman “ de centro”  que permitió la toma guerrillera de las ciudades en lo que denominaron “estallido social” y, finalmente, pavimentó, con su falta de carácter y de valor, la llegada del narco-comunismo petrista al poder.

¿No es hora de desmontar este doble yugo, el de la izquierda radical y el de la desacreditada politiquería para empezar a construir juntos la “Patria milagro” que nos merecemos?

Dejemos de preocuparnos por la sucesión de escándalos que a diario se destapan. A los torpes seguidores del tirano nada los apartará de su fanatismo y su resentimiento.  A los opositores cada escándalo no hace sino confirmar lo que ya sabemos: que estamos bajo un régimen que nunca debió llegar al poder. Dediquémonos, en consecuencia, a convertir a Colombia en la “Patria milagro”. Colombia solamente exige de nosotros el último esfuerzo: Votar y hacer que otros voten con nosotros por Abelardo de la Espriella, artífice de esta nueva Colombia que todos soñamos, en la primera vuelta. No hay tiempo que perder. Estamos “Firmes con la Patria”.