martes, 17 de marzo de 2026

Las cosas son como son

Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Muchas veces, pecando por un ingenuo optimismo o por una desinformación completa o por simple estupidez consuetudinaria, creemos que por enunciar postulados que suenan bonito, por arte de birlibirloque la realidad se va a transformar para satisfacer nuestros deseos o intereses.

La realidad es la realidad, tanto que en términos geopolíticos se habla de la REALPOLITIK.

Tal es el caso de decir a viva voz que Colombia es una potencia agropecuaria, mientras importa un poco más del 50% de lo que se consume.

Digamos que su posición tropical aunado al hecho que su territorio es surcado por la cordillera de los Andes, generan unas condiciones propicias para reconocer lo anterior como ventaja comparativa, pero el hecho es que para que esto sea real, debemos generar y construir las ventajas competitivas mínimas para aspirar a una posible participación en la competencia internacional, en un renglón como los alimentos, que es imprescindible para la humanidad toda.

Mientras Colombia no posea un sistema de comercialización como el que anteriormente se había establecido con el IDEMA y no pasemos del enunciado a la concreción de tener autonomía y autosuficiencia en la producción de abonos y fertilizantes, lo de ser potencia agrícola es solamente un cuento que suena bonito. (Lo anterior sin entrar en el berenjenal de la Propiedad y la Tenencia de la tierra y en la necesidad de conectar veredas y corregimientos con los centros de acopio o de consumo).

Hay que establecer políticas claras, definir objetivos precisos y acompañar el deseo con la voluntad y con la acción para poder sacar adelante este loable y necesario propósito.

Aplicando el concepto de la empatía, es decir, poniéndonos en los zapatos del otro para entender el por qué se comporta de tal o cual manera, tenemos, por ejemplo:

Pensar en un aplacamiento de las expectativas expansivas de China es ingenuo. China necesita por ejemplo a Taiwán para consolidar su presencia en el Pacífico, acompañado este hecho a la construcción de más de 250 islas artificiales alrededor del Mar del Japón para garantizar el control de las rutas comerciales y la expansión de la denominada “Nueva Ruta de la Seda” no solo en Eurasia, sino allende los mares con un moderno Puerto en el Perú y un posible Canal Interoceánico en Nicaragua.

De igual manera Rusia requiere incuestionablemente a Crimea para garantizar su salida al Mar Negro y de ahí poder aproximarse al Mediterráneo y controlar parte o la totalidad de Ucrania como territorio agrícola para alimentar a su población.

Así mismo los Estados Unidos requiere control sobre el Caribe para evitar posibles intentos de agresión externo, bajo el pueril argumento de que se va a librar una guerra a muerte contra las drogas.

Lo mismo podríamos decir de la necesidad de controlar el acceso al agua, a la posesión y control de las llamadas tierras raras, al control y acceso a los hidrocarburos mientras sigan vigentes, al control de los puntos de paso o servidumbres entre territorios estratégicos, al control y acceso a las rutas comerciales por cualquier medio y modo y de manera general al acceso y control a cualquier tipo de riqueza espacial, territorial, marítima, mineral o biodiversa.

Ante este panorama, hablar de paz resulta siendo una quimera y el paso de un solo centro de poder a varios centros de poder que evidenciamos hoy, representa un reacomodo de fuerzas y un despliegue de capacidades de todo tipo para visibilizar las herramientas que se tienen para luchar, competir y ganar en el juego del poder.