Pedro Juan González Carvajal
Muchas veces, pecando por un
ingenuo optimismo o por una desinformación completa o por simple estupidez
consuetudinaria, creemos que por enunciar postulados que suenan bonito, por
arte de birlibirloque la realidad se va a transformar para satisfacer nuestros
deseos o intereses.
La realidad es la realidad,
tanto que en términos geopolíticos se habla de la REALPOLITIK.
Tal es el caso de decir a viva
voz que Colombia es una potencia agropecuaria, mientras importa un poco más del
50% de lo que se consume.
Digamos que su posición tropical
aunado al hecho que su territorio es surcado por la cordillera de los Andes,
generan unas condiciones propicias para reconocer lo anterior como ventaja
comparativa, pero el hecho es que para que esto sea real, debemos generar y
construir las ventajas competitivas mínimas para aspirar a una posible
participación en la competencia internacional, en un renglón como los
alimentos, que es imprescindible para la humanidad toda.
Mientras Colombia no posea un
sistema de comercialización como el que anteriormente se había establecido con
el IDEMA y no pasemos del enunciado a la concreción de tener autonomía y
autosuficiencia en la producción de abonos y fertilizantes, lo de ser potencia
agrícola es solamente un cuento que suena bonito. (Lo anterior sin entrar en el
berenjenal de la Propiedad y la Tenencia de la tierra y en la necesidad de
conectar veredas y corregimientos con los centros de acopio o de consumo).
Hay que establecer políticas
claras, definir objetivos precisos y acompañar el deseo con la voluntad y con la
acción para poder sacar adelante este loable y necesario propósito.
Aplicando el concepto de la
empatía, es decir, poniéndonos en los zapatos del otro para entender el por qué
se comporta de tal o cual manera, tenemos, por ejemplo:
Pensar en un aplacamiento de las expectativas expansivas de China es ingenuo. China necesita por ejemplo a Taiwán para consolidar su presencia en el Pacífico, acompañado este hecho a la construcción de más de 250 islas artificiales alrededor del Mar del Japón para garantizar el control de las rutas comerciales y la expansión de la denominada “Nueva Ruta de la Seda” no solo en Eurasia, sino allende los mares con un moderno Puerto en el Perú y un posible Canal Interoceánico en Nicaragua.
De igual manera Rusia requiere
incuestionablemente a Crimea para garantizar su salida al Mar Negro y de ahí
poder aproximarse al Mediterráneo y controlar parte o la totalidad de Ucrania
como territorio agrícola para alimentar a su población.
Así mismo los Estados Unidos
requiere control sobre el Caribe para evitar posibles intentos de agresión
externo, bajo el pueril argumento de que se va a librar una guerra a muerte
contra las drogas.
Lo mismo podríamos decir de la
necesidad de controlar el acceso al agua, a la posesión y control de las
llamadas tierras raras, al control y acceso a los hidrocarburos mientras sigan
vigentes, al control de los puntos de paso o servidumbres entre territorios
estratégicos, al control y acceso a las rutas comerciales por cualquier medio y
modo y de manera general al acceso y control a cualquier tipo de riqueza espacial,
territorial, marítima, mineral o biodiversa.
Ante este panorama, hablar de paz resulta siendo una quimera y el paso de un solo centro de poder a varios centros de poder que evidenciamos hoy, representa un reacomodo de fuerzas y un despliegue de capacidades de todo tipo para visibilizar las herramientas que se tienen para luchar, competir y ganar en el juego del poder.
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