José Alvear Sanín
Gian Paolo Dáguer, ingeniero ambientalista y
sanitario, es el autor de un bellísimo libro, Frutas asombrosas, guía
ilustrada de frutas nativas, endémicas y exóticas de Colombia, admirablemente
ilustrado por Luisa Martínez y hermosamente editado por Rey Naranjo en septiembre
de 2025, con merecida reimpresión un mes más tarde.
El libro reseña, con preciosa iconografía, sucinta
descripción, información sobre los lugares donde se encuentra, piso térmico,
propiedades nutricionales y medicinales, cada una de las 202 frutas escogidas,
casi todas nativas de Colombia, y algunas introducidas que se han vuelto
nuestras en todo sentido, cuyos extraños nombres apenas estamos conociendo gracias
a este magnífico libro.
Desde niños, los colombianos estamos
familiarizados con dos docenas, a lo sumo, de frutas que los mercados ofrecen,
ignorando que nuestro territorio, con unas 2000 especies nativas, sobresale por
su incomparable biodiversidad.
Muchas de esos dos millares de especies son
endémicas, desde luego expuestas a extinción, lo mismo que algunas de las 202
consideradas en el libro, que por desgracia nunca hemos, visto, olido ni
consumido; y que ninguna entidad oficial ha tomado bajo su protección y
cuidado, olvidando, además, la importancia de estudiar cómo conservarlas, estimular
su reproducción y promover su consumo.
Con envidia observo que Brasil ha avanzado
bastante más que nosotros en la tarea anterior, especialmente en lo que dice a
los deliciosos frutos amazónicos. Es fácil imaginar la riqueza alimentaria,
económica y cultural que podría derivarse de cultivos técnicos de centenares de
frutas asombrosas, pero por desgracia, la política pública sobre la agricultura
en Colombia solo se ocupa de nefastas “reformas agrarias” de cuño castrista,
que únicamente conducen a la hambruna permanente de los países.
Nada, pues, de investigación agronómica (la que
antes fue sobresaliente), de tecnificación de cultivos, de emprendimiento
rural, de promoción de siembras para exportación, etc., en un país inmenso, con
una de las reservas de tierras fértiles más extensas del mundo, pero, desde
luego, la situación agraria del país puede empeorar y conducirnos al abismo, si
montan a Cepeda, inflando encuestas tan fraudulentas como bien fletadas
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