Luis Alfonso García Carmona
Nos quejamos sin
parar de la estupidez de quienes, en virtud del fraude, ejercen el poder
público, de la falta de preparación de los que se desempeñan en cargos de
altísima responsabilidad, de las equivocadas políticas que, de manera
consciente o por ignorancia, aplican con el desastroso resultado que todos
conocemos.
Sin embargo, más
allá de quejarnos, ningún plan racional y efectivo desarrollamos para salir de
tan espantosa encrucijada.
Los llamados
“líderes de la oposición” brillan por su ausencia. Sin salir de su zona de
confort asumen anodinas posiciones como aquella de que “a Petro hay que dejarlo
que termine su período”, como si ningún daño estuviera causando a la seguridad
de los habitantes, al funcionamiento de la economía y a servicios tan
esenciales como el de la salud. Proliferan los ataques verbales o virtuales en
contra del guerrillero presidente y sus secuaces por parte de congresistas y
directivos de partidos supuestamente opositores, pero sin ninguna efectiva
acción que conduzca a su separación del cargo.
Conocen todos ellos,
puesto que son profesionales de la política, que el único instrumento
constitucional para derrocar a Petro es el art. 109 de la Carta, mediante un
juicio por indignidad que ya se radicó en la Comisión de Acusaciones de la
Cámara. ¿Cómo se explica que hasta la fecha ninguno de los esclarecidos “jefes
tradicionales” se haya dignado apoyar este legítimo mecanismo? ¿Cuál puede ser
el poderoso motivo para abstenerse de cumplir con su deber natural de orientar
a sus partidarios en situaciones definitivas para el futuro de la democracia?
Demandamos en nuestra calidad de militantes de los partidos que aseguran
respetar el Estado de derecho, que se nos explique las razones para semejante
negligencia en el cumplimiento de sus deberes con el partido respectivo y con
la patria.
Es la misma línea
que hasta hora siguen los aspirantes a la Presidencia. Saben que manifestar su
oposición a Petro atrae el apoyo electoral de esas masas que llenan los
espacios públicos gritando “¡Fuera, Petro!”, pero tampoco están interesados en
mover un dedo para que Petro salga. Cuando se les pregunta por el juicio
político se limitan a contestar: “Yo ya presenté mi denuncia”, lo cual en nada
contribuye a que se agilice le trámite del juicio. Por el contrario, es
aprovechada para acumular las denuncias (que se tramitan como procesos penales)
al juicio por indignidad (que es un trámite de carácter constitucional) y, de
esta manera, empantanar todo el trámite.
No todo lo que
reluce es oro en política. Por allí anda un representante del Centro
Democrático, de apellido Garcés, quien a boca llena pregona su “antipetrismo”;
sin embargo, por las recusaciones que viene presentando contra miembros de la
Comisión de Acusaciones sólo está ayudando a Petro, ya que en cada recusación
se suspende el trámite del juicio. Va a terminar el período presidencial sin
que se logre dictar sentencia, pero muy orondo el representante de marras
seguirá insistiendo que hizo campaña en contra de Petro.
Estamos actuando de
manera irracional, lo que nos lleva a pensar que se nos pegó la estupidez de
nuestros gobernantes. Debemos planear nuestra tarea, estudiar al enemigo,
analizar sus fortalezas y debilidades, y, cuando terminemos ese análisis, diseñemos
el plan para derrocar al tirano con la colaboración de todos los que
verdaderamente queremos el bien de Colombia y la salida inmediata de este
maquiavélico régimen “castrochavista”.
Dejemos de jugar a
los candidatos. Seamos conscientes de que, si no es mediante una fuerte
coalición, no podremos ganar la batalla y Petro continuará en el poder por sí o
por interpuesta persona. La estupidez parece que se pega.