lunes, 21 de julio de 2025

La estupidez es contagiosa

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Nos quejamos sin parar de la estupidez de quienes, en virtud del fraude, ejercen el poder público, de la falta de preparación de los que se desempeñan en cargos de altísima responsabilidad, de las equivocadas políticas que, de manera consciente o por ignorancia, aplican con el desastroso resultado que todos conocemos.

Sin embargo, más allá de quejarnos, ningún plan racional y efectivo desarrollamos para salir de tan espantosa encrucijada.

Los llamados “líderes de la oposición” brillan por su ausencia. Sin salir de su zona de confort asumen anodinas posiciones como aquella de que “a Petro hay que dejarlo que termine su período”, como si ningún daño estuviera causando a la seguridad de los habitantes, al funcionamiento de la economía y a servicios tan esenciales como el de la salud. Proliferan los ataques verbales o virtuales en contra del guerrillero presidente y sus secuaces por parte de congresistas y directivos de partidos supuestamente opositores, pero sin ninguna efectiva acción que conduzca a su separación del cargo.

Conocen todos ellos, puesto que son profesionales de la política, que el único instrumento constitucional para derrocar a Petro es el art. 109 de la Carta, mediante un juicio por indignidad que ya se radicó en la Comisión de Acusaciones de la Cámara. ¿Cómo se explica que hasta la fecha ninguno de los esclarecidos “jefes tradicionales” se haya dignado apoyar este legítimo mecanismo? ¿Cuál puede ser el poderoso motivo para abstenerse de cumplir con su deber natural de orientar a sus partidarios en situaciones definitivas para el futuro de la democracia? Demandamos en nuestra calidad de militantes de los partidos que aseguran respetar el Estado de derecho, que se nos explique las razones para semejante negligencia en el cumplimiento de sus deberes con el partido respectivo y con la patria.

Es la misma línea que hasta hora siguen los aspirantes a la Presidencia. Saben que manifestar su oposición a Petro atrae el apoyo electoral de esas masas que llenan los espacios públicos gritando “¡Fuera, Petro!”, pero tampoco están interesados en mover un dedo para que Petro salga. Cuando se les pregunta por el juicio político se limitan a contestar: “Yo ya presenté mi denuncia”, lo cual en nada contribuye a que se agilice le trámite del juicio. Por el contrario, es aprovechada para acumular las denuncias (que se tramitan como procesos penales) al juicio por indignidad (que es un trámite de carácter constitucional) y, de esta manera, empantanar todo el trámite.

No todo lo que reluce es oro en política. Por allí anda un representante del Centro Democrático, de apellido Garcés, quien a boca llena pregona su “antipetrismo”; sin embargo, por las recusaciones que viene presentando contra miembros de la Comisión de Acusaciones sólo está ayudando a Petro, ya que en cada recusación se suspende el trámite del juicio. Va a terminar el período presidencial sin que se logre dictar sentencia, pero muy orondo el representante de marras seguirá insistiendo que hizo campaña en contra de Petro.

Estamos actuando de manera irracional, lo que nos lleva a pensar que se nos pegó la estupidez de nuestros gobernantes. Debemos planear nuestra tarea, estudiar al enemigo, analizar sus fortalezas y debilidades, y, cuando terminemos ese análisis, diseñemos el plan para derrocar al tirano con la colaboración de todos los que verdaderamente queremos el bien de Colombia y la salida inmediata de este maquiavélico régimen “castrochavista”.

Dejemos de jugar a los candidatos. Seamos conscientes de que, si no es mediante una fuerte coalición, no podremos ganar la batalla y Petro continuará en el poder por sí o por interpuesta persona. La estupidez parece que se pega.