miércoles, 12 de octubre de 2022

Impuntualidad y megalomanía

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

El tiempo, misterio insondable, es el más valioso de los recursos no renovables.

Los países más prósperos han sido aquellos donde mejor se lo aprovecha. La proverbial puntualidad inglesa, algo venida a menos, explica mucho de la preponderancia de ese país en el siglo xix; y en los tiempos que corren Alemania, Japón, Suiza y Francia, dan ejemplo, no siempre bien seguido, a los demás países.

En realidad, del uso del tiempo dependen en muy buena parte la prosperidad y el progreso, como podemos observar si comparamos el atraso de África en comparación con algunos países asiáticos que están alcanzando cotas envidiables de desarrollo.

Petro nunca se distinguió por la puntualidad, y en su talante se combinan otros rasgos, como la arrogancia de quien ha llegado a una altura inconcebible y la necesidad de hacer notorias su superioridad y su inflexibilidad.

Si para Luis XVIII “la puntualidad es la cortesía de los príncipes”, y para los victorianos, el alma de los negocios, en cambio para Petro la puntualidad seguramente forma parte de todas aquellas normas, comportamientos y modales del antiguo orden que la revolución está llamada a eliminar.

Las largas y obligadas esperas antes de su llegada a ciertos actos traduce el mismo triunfalismo vanidoso que lo lleva a aparecer una hora tarde a la reunión de Mr. Biden con un centenar de jefes de gobierno, con ocasión de la asamblea de la ONU. Nunca sabremos si la causa del retardo fue la mala educación habitual o un traffic jam…, pero el presidente gringo ni siquiera se enteró de tan significativa tardanza, porque ya había partido de esa reunión.

Quien se enseña a llegar tarde no se limita al desprecio por los demás. En el fondo lo que indica su hábito es el desconocimiento del valor del tiempo como inapreciable recurso intelectual y económico. No es extraña, entonces, la combinación de la impuntualidad con la ignorancia. El tiempo que no se aprovechó oportunamente para el estudio se perdió para siempre, pero puede significar lo que me atrevo a llamar impuntualidad gnoseológica.

Llegar tarde, por ejemplo, en economía, significa creer en fórmulas y teorías fracasadas, cien años o apenas medio siglo, lo que puede conducir a extremos trágicos.

Hemos dicho que la “oposición constructiva” requiere un gobierno constructivo, pero es inútil frente a un ejecutivo que no lo sea. Es pérdida de tiempo confiar en el diálogo como mecanismo de entendimiento para alcanzar necesarios consensos, si los interlocutores están separados por abismos intelectuales, ideológicos y morales.

Con razón la senadora Paloma Valencia dice que Petro no oye a Uribe, como lo demuestra su reciente aleccionadora entrevista con el expresidente Uribe. En ella, el doctor Óscar Darío Pérez —principal experto tributario del país—, expuso los absurdos de una reforma innecesaria y perjudicial. La respuesta del gobierno fue la de enviar a continuación al Congreso un mamotreto de más de 300 páginas y ordenar a sus embadurnadas bancadas aprobarlo a pupitrazo limpio.

Las objeciones de todos los expertos en economía y en hacienda pública merecían un debate juicioso y profundo, si el gobierno quisiera algo saludable para el país. En cambio, en el fondo, lo que observamos es una advertencia de que ninguna de las reformas caóticas de un gobierno obnubilado tanto por un marxismo trasnochado como por una megalomanía inocultable, será sometida a una deliberación legítima.

El gobierno no quiere oír a nadie en relación con su esterilizante reforma tributaria. Hasta una destacada figura de izquierda, el doctor Jorge Enrique Robledo, ha censurado como el colmo de la irresponsabilidad la forma en que el Congreso está tramitando ese proyecto

Convertido así el Congreso en un mecanismo servil y venal para la ratificación de las órdenes palaciegas, la democracia desaparece para que la ministra Corcho (la tapa del cóngolo), pueda celebrar por anticipado la expedita aprobación de su macabra reforma sanitaria.

***

El gobierno sordo ha tenido que reducir al silencio a la pobrecita de Irene, para sacar a la palestra a la viceministra, quien repite, con mayor énfasis, los mismos desatinos, en vísperas del nombramiento de una junta de bolsillo para Ecopetrol.

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