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martes, 3 de octubre de 2023

De cara al porvenir: y aprendimos de fútbol

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Para los hinchas del Nacional, su afición nos ha llevado a disfrutar de las emociones y los sinsabores del fútbol, pero también nos ha dado la oportunidad de conocer algo de la técnica, gracias a las vivencias cercanas con distintos personajes de nuestro equipo amado.

Para quienes nacimos como yo en 1957, hemos tenido la posibilidad de disfrutar de todos los títulos obtenidos, menos, obviamente el de 1954.

A punta de radio nos tocó imaginarnos el Estadio Atanasio Girardot y conocerlo a través de las narraciones de Jaime Tobón de la Roche, del “Espectacular” Jorge Eliécer Campuzano y de “El Paisita”, Múnera Eastman.

Pero ellos nos describían de manera vívida los sucesos y las jugadas que acontecían durante el partido mientras analistas excelsos como Weimar Muñoz Ceballos nos explicaban como se estaba jugando, cuáles eran los planteamientos que se estaban desarrollando y qué se podía esperar del juego, lo que hace que hoy los analistas de turno no nos descresten ni mucho menos.

También fuimos testigos de la evolución arquitectónica del estadio desde su construcción con una única tribuna alta, pasando por la “tribuna loca” de Oriental como la definió el inolvidable Guillermo Hinestroza Isaza, construida para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1978, hasta la integración completa del segundo nivel una vez ganamos la primera Copa Libertadores, ya que ante las limitaciones del estadio –que no cumplía con las exigencias de la FIFA–, tuvimos que jugar la final en Bogotá.

En nuestra lejana infancia oíamos hablar del Cobo Zuluaga, de Largacha, de Campillo, de Pepillo Marín, de Balasanian, de Romero, del Coco Rossi, de Gustavo Santa y de Tato González, de los refuerzos brasileros, entre otros tantos brillantes jugadores, entremezclados con otros vagos recuerdos, hasta que aparecen las figuras de Hernán Botero y José Curti y de jugadores como Navarro, Calics, Tito Gómez y Jorge Hugo Fernández que nos hicieron comenzar a soñar por allá en un histórico partido contra el Santos de Pelé, un domingo a medio día.

Se oía hablar de Millonarios como el mejor equipo del país con su cantidad de estrellas y el recuerdo mediano del otrora Ballet Azul.

Pero el colegio también era un centro de pensamiento futbolístico gracias a los campeonatos internos y a profesores como nuestro inolvidable Rubén López que nos ponía a jugar en serio, accediendo a buenos uniformes, jugando con buenos balones, hablando, entrenando y practicando aquello de las tácticas y de la estrategia, del River y de Boca, y se comenzaba a hablar de los míticos equipos Independiente de Avellaneda y de Estudiantes de la Plata, por sus éxitos continuados en la Copa Libertadores de América. Tuvimos la fortuna de crecer y jugar con Hernán Darío “Bolillo” Gómez, con su hermano Gabriel Jaime “Barrabás” Gómez, con el Polo Mondragón, quienes luego hicieron parte del futbol profesional y de la selección Colombia.

Así mismo, pudimos conocer de cerca jugadores extranjeros cuando por pura coincidencia los veíamos en el Salón Versalles, en pleno Junín, acogidos por don Leonardo Nieto y por el doctor Botero quien los alojaba en Residencias Nutibara.

Incluso a la salida de los partidos algunos jugadores salían a pie, mezclados con los hinchas para tomar transporte público. Eran épocas en que eran deportistas, no vedetes.

Comenzaron los buenos resultados, los subcampeonatos y los campeonatos, pero por encima de todo, la llegada, del maestro Oswaldo Juan Zubeldía, maestro de verdad, quien evidentemente “profesionalizó” el futbol en Colombia y quien en la cancha de juego, a modo de tablero o pizarrón, nos enseñó a todos que había que conocer el reglamento, que gracias a ese conocimiento podíamos jugar con el fuera de lugar a nuestro favor, que había que entrenar y practicar jugadas preconcebidas como los tiros de esquina, los tiros libres, los saques de banda, que había que saber defender, pero que ante todo había que ser profesionales del fútbol. Todo esto lo explicaba en amenas tertulias al finalizar las tardes en el segundo piso del Salón Versalles.

Aparece la figura de don Alex Gorayeb quien como presidente del Deportivo Cali contrata a Bilardo, –discípulo aventajado de Zubeldía–como técnico y ahí sí comenzamos a ver fútbol del bueno con la consolidación de técnicos como Gabriel Ochoa, Luis Cubillas, Pedro de León y otros tantos que comenzaron a darle cuerpo a nuestro fútbol.

Ante las restricciones económicas se recurre a las divisiones inferiores y aparece el “Kínder de Zubeldía” de donde nacen estrellas y algunos futuros técnicos como Herrera, Sarmiento, Luna, Peluffo, Porras, Maya, López y otros tantos que nos dieron alegrías inmensas y estrellas nuevas.

Llegaron las sombras y nos eliminan de una posible participación en una Copa Libertadores con gol olímpico de Ángel María Torres en el último minuto, lo que le dio la clasificación al Cali y la celebración enloquecida de Bilardo quien se retiraba del Cali, aspirando a la dirección técnica de la Selección Argentina.

Llegan Cueto y la Rosa y otra serie de refuerzos y de técnicos que le dan un nuevo envión a nuestro equipo enlutado por la muerte inesperada del maestro Zubeldía una mañana de domingo, pues había anticipado su regreso a Colombia luego del campeonato obtenido y del nacimiento de un posible nuevo ídolo, mi tocayo Pedro Juan Ibargüen que jamás llegó a ser lo que iba a ser ante la desaparición del maestro.

Llegan años de espera pues reemplazar a Zubeldía no era fácil.

Aparecen Maturana y Bolillo Gómez con la idea de los “puros criollos” y nos pusieron a soñar y llegamos a ganar la tan anhelada Copa Libertadores y a soportar la transformación del fútbol colombiano siendo la base de la selección Colombia que asistió a tres mundiales. Un hecho trascendental es la adquisición del equipo por parte de la organización Ardila Lulle, lo cual le da un gran peso administrativo y una contextura empresarial que lo diferencia de los otros equipos en Colombia y la tragedia que no falta, el asesinato de Andrés Escobar.

Cambia el formato del campeonato y ya no es un solo torneo anual, sino uno semestral y allí Nacional rompe todos los records de clasificaciones a finales y de títulos: primer bicampeón con Quintabani y primer tricampeón con Osorio.

Lo que siguen son una seguidilla de aciertos, frustraciones, campeonatos, posicionamiento internacional, campeonatos internacionales: la segunda Copa Libertadores (demostración de la importancia de respetar procesos como los hizo Rueda con lo que inició Sachi Escobar y continuó Osorio), la Recopa Sudamericana y la frustrada Copa Sudamericana debido al trágico accidente aéreo del equipo Chapecoense en el Oriente antioqueño que, como gratísima consolación en estos tiempos del todo vale, propició que la FIFA entregara al club el premio al juego limpio.

En fin, una serie de aciertos, desaciertos y frustraciones que han hecho posible que la historia del Rey de Copas se siga consolidando y que las nuevas generaciones sigan queriendo y apoyando a nuestro equipo del alma, el equipo que más fanaticada tiene en Colombia, el de mayor reconocimiento internacional y, le pique a quien le pique, el más ganador con sus 32 títulos que, seguramente, seguirán aumentando.

¡Qué viva el Atlético Nacional!

martes, 1 de agosto de 2023

De cara al porvenir: lenguaje seudocientífico

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Marcador de punta, back centro, volante de contención, volante mixto u “8”, volante de creación o “10”, puntero derecho o izquierdo (o wing, y si era puntero de raya: wing wing y si llegaba hasta el fondo y centraba: wing wing wing), centro delantero, volante llegador, salida limpia, entrenador, mánager y entreno, entre otros varios. Si recuerdan esos términos hacen parte de una generación privilegiada que disfrutó el fútbol como espectáculo, con estrategias bien diseñadas, pero sin tantos misterios como hoy.

Ahora, con el advenimiento de algunos directores técnicos (ya no entrenadores, porque ya ni entran a la cancha) y de los autodenominados “analistas”, sabios de micrófono que no han jugado y ni han dirigido jamás, se ha venido generando una carrera para tratar de elevar el fútbol a la categoría de ciencia. Ante la ausencia de un método propio se ha construido un lenguaje propio, cada vez más rebuscado: ya el marcador de punta es lateral o carrilero, los defensas centrales conforman el pivote defensivo, los volantes de contención, si son dos conforman un pivote y si son tres, un trivote. Aparece la figura de transición defensa ataque, acompañada de conceptos como ABP -Acción Balón Parado- y el concepto de canalizar. Los “10” son volantes llegadores, los punteros evolucionaron a extremos que casi siempre juegan con perfil cambiado y los centros delanteros ya van en puntas y media puntas y no se les mide por la cantidad de goles sino por su capacidad para jugar sin balón y hacer diagonales de ruptura, eso sí, que no se le ocurra moverse de la zona 14. ¿Perdón, de qué estamos hablando?

Esto por no mencionar el impacto de la tecnología con su gran contribución a aumentar la confusión y potencializar los errores: el VAR, el AVAR, la sala VOR, la mano en posición antinatural (lo único antinatural en el fútbol son ciertos analistas que son engendros contra natura); los GPS en las camisillas de los jugadores para medir cuántos kilómetros corre, en qué sentido, en cuáles zonas, cuántas veces tocó el valón, si lo hizo hacia adelante, hacia atrás, hacia los lados. Por supuesto, ninguno de los criterios anteriores define quién jugó bien o quién jugó mal. Todo lo anterior se resume en la DATA y los equipos contratan científicos de datos que permiten que los directores técnicos afirmen en sus ruedas de prensa que, a pesar de haber perdido los últimos veinte partidos uno a cero, son los mejores del campeonato porque tuvieron una posesión de balón del 65.4%, quince remates por partido, doce de ellos al arco y en todos los partidos sacaron figura al arquero contrario. Y lo grave es que hay quienes les creen. Y al pobre entrenador que simplemente trabaja y gana partidos y títulos, lo descalifican por desactualizado, por no entrar en la onda del lenguaje rebuscado. Hay que reconocer, eso sí, que las ruedas de prensa resultan más entretenidas que los partidos y que es admirable escuchar como un D.T. (un míster como los llaman ahora) justifica resultados describiendo un partido que solo él vio.

Y no es aversión al cambio. En mi generación fuimos testigos de verdaderas revoluciones estratégicas, nos tocó ver durante cinco años al Nacional de Zubeldía, con su fuera de lugar provocado y la “Zubeldiana” en los tiros de esquina, que todavía funciona y permite ganar títulos; vimos el paso de la defensa con líbero y stopper a la defensa en línea, fuimos testigos de la aparición del arquero líbero con jugadores como Quintabani para llegar a su máxima expresión con el gran René. Vimos los bailes de gala de los partidos entre el Nacional de Zubeldía y el Cali de su discípulo Bilardo: diez parejas danzando en una rigurosa marcación hombre a hombre y vimos un juego de ajedrez en la final de la Intercontinental de 1989 entre el Milán de Arrigo Sachi y el Nacional de Pacho Maturana (qué cátedra de táctica). Se trabajaba y se innovaba, pero no se pretendía quitar al fútbol su condición de deporte y de juego. No se pretendía convertirlo en una seudociencia.

Pero bueno, sigamos disfrutando del espectáculo de las ruedas de prensa de los D.T. y de sus intervenciones dignas de la mejor versión de Cantinflas.