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viernes, 4 de septiembre de 2026

Recuperar e impulsar el sector petrolero, el gran reto nacional

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Las políticas antipetroleras del anterior Gobierno Nacional han significado un preocupante descenso en el índice de reposición de reservas de crudo y gas natural. Durante el pasado cuatrienio el país dejó de firmar nuevos contratos para buscar petróleo y gas, a diferencia de otros países de la región, que continuaron impulsando el sector de hidrocarburos mediante la adjudicación de nuevos bloques para exploración para la reposición de reservas. A partir de 2022, la perforación de pozos exploratorios en Colombia sufrió una drástica caída cercana al 48 %, pasando de 87 pozos en 2022 a solo 45 en 2025, según datos consolidados de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP). Esto ha significado que el índice de reposición de reservas de crudo bajó al 94,5 %, lo que significa que, por cada 100 barriles consumidos o extraídos, solo se repusieron 94.

Un estudio presentado por Naturgas el pasado 31 de agosto ante el Comité Intergremial de Petróleo y Gas (CIPG) - integrado por ACGGP, ACIEM, ACIPET, ACP, Campetrol y Naturgas – alerta sobre los riesgos para la autosuficiencia energética, el abastecimiento de gas y los ingresos fiscales a que está abocado el país de persistir en su política antipetrolera, advirtiendo que “las reservas probadas de hidrocarburos con que cuenta el país se agotarán hacia 2035″.

Uno de los mayores riesgos para el sector energético, identificados por el referido estudio corresponde al gas natural. En el escenario denominado “Pérdida de autosuficiencia”, en 2035 las importaciones de gas tendrían que atender hasta cerca del 65 % de la demanda nacional y alrededor del 98 % en 2045. Una mayor dependencia externa de gas importado aumenta la exposición del país a los altos precios internacionales causados por los conflictos geopolíticos principalmente en el Golfo Pérsico, los costos logísticos y la volatilidad de los mercados.

Caídas registradas durante la última década del 27 % en la producción de crudo y del 31,8 % en la de gas, son algunas de las razones detrás del llamado del CIPG a retomar e impulsar una política exploratoria, que permita al país recuperar la soberanía energética y a mitigar el cuantioso déficit que soportan las finanzas públicas. La llegada del nuevo gobierno puede significar para el sector de los hidrocarburos una oportunidad para retomar el dinamismo que tuvo el país en los años previos al 2022.

Estimaciones del Centro Regional de Estudios de Energía y comités gremiales señalan que, una transición energética acelerada sin adición de nuevas reservas de hidrocarburos, podría poner en riesgo hasta $533 billones de pesos en aportes fiscales (regalías, impuestos y dividendos) para la nación. Esta cifra representa la diferencia de recursos entre un escenario de transición lenta (una reducción progresiva del consumo de hidrocarburos), que aportaría 695 billones a la Nación y las regiones entre 2025 y 2050, y un escenario de transición rápida (supresión acelerada del consumo de hidrocarburos), donde se alcanzarían apenas ingresos por 162 billones.

Si no se reactiva la exploración de hidrocarburos, el momento más crítico para el sector energético nacional vendrá entre 2029 y 2032, que es cuando se tendrá una mayor presión sobre las reservas. “Existe un cuello de botella institucional, pero Colombia tiene los recursos energéticos en el subsuelo”, añade Luz Stella Murgas, presidenta de la Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas), quien ademas agrega: “Los inversionistas necesitan estabilidad en las reglas de juego. Necesitamos una política de estado a 30 años, trabajamos en un régimen especial para grandes inversiones”.

La solución al actual problema fiscal del país en gran parte depende de la reactivación e impulso del sector de los hidrocarburos. “Retomar proyectos, adquirir sísmica y apostarle a la exploración nos aportará $533 billones que hoy no tenemos”, afirma Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas, ACP. La política pro hidrocarburos, que proponen los gremios, se orienta a generar un ambiente favorable para la llegada de capital (extranjero y nacional), fortalecer los proyectos existentes y explorar nuevos campos promisorios, tanto costa afuera como costa adentro.

El presidente de ACP también señala que ya ha considerado la posibilidad de implementar un régimen para grandes inversiones, similar al caso argentino, conocido como Rigi, con el que buscan atraer inversión extranjera para el petróleo y el gas y, en un futuro, trasladarlo a otros sectores que han mostrado un menor dinamismo en la llegada de nuevo capital. A lo cual Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas, anota que la atracción de capital extranjero a Argentina para el proyecto Vaca Muerta le permitió a ese país sanear un déficit fiscal cercano a los US $8.000 millones y mejorar la balanza comercial en el mercado de hidrocarburos.

Los representantes de los gremios además agregan que los proyectos de yacimientos no convencionales son otro de los caminos que el país debería considerar, no solo para mejorar la situación fiscal, sino también para apuntarle a recuperar la soberanía energética. Como lo señalé en anterior columna[1], el potencial de yacimientos no convencionales, principalmente gas natural explotable mediante fracking, identificados en el Valle Medio del Magdalena, es la oportunidad que tiene el país de avanzar en la era de una transición energética sustentable (“la transición lenta” que se mencionó antes).

lunes, 27 de abril de 2026

Colombia necesita producir más gas

José Hilario López Agudelo

Entre el 5 y el 17 del corriente mes de abril, Naturgas celebró en Cartagena su Congreso 2026 con la presencia de líderes del sector energético, donde se discutió el papel del gas natural en la transición y seguridad energética de Colombia. El evento destacó la urgente necesidad de fortalecer la infraestructura de importación de gas natural licuado (GNL), así como la de agilizar el desarrollo del proyecto costa afuera (offshore) Sirius.

Debido a la caída en la producción nacional, para cubrir la demanda interna Colombia ha incrementado sus importaciones de GNL las cuales en 2025 totalizaron cerca del 20 % del consumo nacional. Se estima que este porcentaje aumente al 25 % o más hacia finales del presenta año y, de no mejorar la producción nacional, podría llegar hasta el 56 % para 2029. Los precios del gas en 2025 para la industria subieron un 69 % y un 23 % para los hogares. En un escenario optimista se espera que el gas del proyecto Sirus sólo podría entrar en operación comercial en 2030.

En el seno del mismo Congreso de Naturgas, Noticias Caracol coordinó un encuentro titulado "Colombia decide su energía", que contó con la participación de cuatro candidatos presidenciales quienes analizaron el futuro del gas natural y la transición energética en que está empeñado el país. Al encuentro asistieron los candidatos Roy Barreras, Sergio Fajardo, Claudia López y Paloma Valencia.

Entre los temas tratados por los candidatos asistentes al referido encuentro, quisiera destacar su coincidencia en impulsar la producción de gas natural mediante la técnica del fracking (fracturamiento hidráulico en yacimientos no convencionales, también conocidos como gas de esquisto). Los candidatos asistentes, excepto la señora Valencia, estuvieron de acuerdo en que el fracking en Colombia requiere investigaciones previas mediante los llamados pozos piloto, en especial por el riesgo de contaminación de los acuíferos durante la perforación y operación de los pozos productivos. Pareciera que el Gobierno Petro, quien suspendió los pozos piloto, les temiera a los resultados de la investigación por miedo a que indicaran que el fracking se puede adelantar sin riesgo en un determinado campo potencialmente productor, y que la candidata Velencia temiera que los mismos pozos indicaran lo contrario.

Aunque en Colombia no existe una ley en firme que prohíba definitivamente el fracking, el Senado de la República ha aprobado proyectos de ley "antifracking" (como el Proyecto de Ley 114 de 2022), iniciativas que han enfrentado dificultades para completar su trámite en la Cámara de Representantes. En 2025 el Gobierno actual radicó nuevos proyectos con mensaje de urgencia, para buscar la prohibición del fracking, sin que todavía haya logrado su propósito. Mientras el Gobierno Petro busca prohibir el fracking en Colombia, Ecopetrol, nuestra estatal petrolera, depende cada vez más de la operación mediante fracking en la cuenca del Permian, en Texas (Estados Unidos).

En mi opinión persiste el riesgo de que durante lo que queda del actual o en el próximo gobierno se imponga el antifracking, razón por la cual es oportuno seguir profundizando sobre este importante asunto, clave para una transición energética sustentable en nuestro país.

Con este propósito, por ahora me apoyaré en un estudio de La Universidad Nacional de Colombia (Unal), comentado por el autor de estas líneas en una columna publicada el 21 de agosto de 2022 en el blog Juanpaz, titulado Fracking, una visión desde la academia[1].

Desde mediados del siglo pasado la industria petrolera ha utilizado la técnica del fracturamiento hidráulico para la explotación de yacimientos convencionales de petróleo. Con el propósito de aumentar sus reservas, desde hace unas dos décadas varios países empezaron a explotar yacimientos no convencionales de gas y petróleo (YNC) mediante fracking. Estados Unidos es el país que más ha utilizado esta técnica, lo que le ha permitido no sólo superar la dependencia de petróleo importado, sino llegar a ser el mayor exportador mundial de hidrocarburos (petróleo crudo y gas).

El desbordado afán de algunos países por lograr la autosuficiencia energética, en sus comienzos condujo a la masificación del fracking, sin una suficiente previa evaluación de los riesgos que esta práctica conlleva para el entorno natural y las comunidades. Esta situación se presentó principalmente en Estados Unidos, donde el subsuelo es propiedad privada, lo que facilitó a muchos pequeños propietarios del suelo participar en el negocio, con poco control por parte de las autoridades ambientales. Esta eventualidad no debería llegar a darse en Colombia, donde la propiedad del subsuelo es del Estado y donde, para la implementación de esta técnica se ha venido trabajando en una reglamentación con altos estándares, la cual es susceptible de ser mejorada.

El debate sobre la conveniencia o inconveniencias del fracking en el mundo se centra en las eventuales afectaciones a los ecosistemas y entornos socioeconómicos, relacionados con: recursos hídricos, calentamiento global, ocupación del territorio, salud humana y transición energética. Por ahora, me limitaré a las afectaciones a las aguas, tanto superficiales como subterráneas, el recurso que origina el conflicto más sensible con las comunidades.

Entre las afectaciones que el fracking puede generar a las aguas, se consideran: la sobre explotación del recurso (el fracking demanda gran cantidad de agua), así como la contaminación de los acuíferos y de las aguas superficiales con los químicos, que requiere la explotación del hidrocarburo.

De acuerdo con experiencias internacionales, es evidente que, aunque los riesgos asociados al fracking y a sus actividades conexas se pueden presentar en cualquier proyecto de este tipo, independientemente de la zona geográfica donde esté localizado, la valoración de tales riesgos se debe hacer para cada caso, teniendo en cuenta las particularidades de los territorios involucrados. En otras palabras, el fracking no se debe considerar como una técnica inmutable que inexorablemente causará los mismos impactos, independiente del territorio donde se lleve a cabo y de la escala de intervención que se considere. De ahí la necesidad de los pozos piloto.

El primer proyecto piloto de fracking en Colombia autorizado por la Agencia Nacional de Hidrocarburos a Ecopetrol, denominado Proyecto de Investigación Kale, se localiza en las vecindades de Puerto Wilches, en un entorno geológico e hidrogeológico bien conocido por parte de petrolera nacional, donde se han perforado números pozos para la exploración y explotación de petróleo convencional, lo que significa experiencia en el manejo de los impactos a los recursos hídricos. El Proyecto Kale, hay que recalcarlo, es un experimento, que sólo busca conocer si existe gas atrapado en la Formación La Luna, la roca generadora del petróleo en el Magdalena Medio y si es posible extraerlo económicamente sin mayores afectaciones a los recursos hídricos y bióticos del territorio. Prohibir el proyecto piloto Kale equivale, ni más ni menos, a condenar la investigación en Colombia y, sobre todo a rechazar la posibilidad de llegar a alcanzar la soberanía nacional de gas natural, el energético esencial para la transición hacia las energías renovables no convencionales, en que está empeñado el Gobierno nacional.

La explotación de gas de YNC mediante la técnica del fracking, desde el punto de vista económico, presupuestal y social es beneficiosa para los intereses del país, pues se trata del aprovechamiento del gran potencial geológico representado en gruesos paquetes de rocas sedimentarias, hasta hace poco tiempo, sólo considerados como rocas generadoras de petróleo crudo. Como lo anoté atrás, la zona de Puerto Wilches es ideal para empezar a materializar el ambicioso proyecto.

La situación del gas natural en Colombia, como ya lo anoté, acusa un déficit estructural y creciente dependencia de importaciones, con una caída significativa de la producción nacional y de las reservas, lo que ha disparado los precios y agudizado la vulnerabilidad energética del país. Desde finales de 2024, el país dejó de ser autosuficiente en la oferta de gas natural, obligando a importar, afectando hogares, industria y transporte, con proyecciones que advierten sobre una crisis más profunda si no se invierte urgentemente en nuevos proyectos exploratorios y de infraestructura de transporte. La logística de la importación del gas sumada a la guerra de Irán aumenta la presión sobre su precio, es así como el combustible faltante que, por ahora, solo llega a Cartagena genera un sobrecosto del 40 % que impacta la tarifa del gas natural vehicular, el que usa la industria y el que consumen los hogares. De darse un nuevo fenómeno Niño a finales del corriente año, este sobrecosto tendrá que asumirlo la generación termoeléctrica, lo que aceleraría la inflación y el crecimiento económico del país. A lo que hay que agregar que, sin gas natural suficiente para atender las demandas de combustible, volveríamos al carbón y a la leña, lo que retrasaría la transición energética y aumentaría los riesgos climáticos en nuestro país.


[1] https://www.chrdivulgar.org/2022/Agosto/22/juanpaz-net-fracking-una-vision-desde-la-academia.pdf