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martes, 19 de enero de 2021

De cara al porvenir: el relevo

Pedro Juan González Carvajal

Por Pedro Juan González Carvajal*

Mientras los mismos con las mismas ya comienzan a organizar su espectáculo para la próxima campaña electoral para la Presidencia de la República, ofreciendo todos lo mismo, es decir nada que solucione o al menos intente solucionar los problemas estructurales del país, han venido consolidando su presencia en varios campos, colombianos nuevos, frescos, preparados, que ojalá no sean simplemente incorporados a los distintos gabinetes como comodines o como “fusibles”, sino que puedan tener la posibilidad, si así lo desean, de ocupar los más altos cargos del país, o al menos sean tenidos en cuenta por sus pensamientos, diagnósticos, críticas y propuestas, que en la mayoría de los casos, como diría Bolívar, “aran en el mar”.

Menciono solo algunos nombres, reconociendo de entrada que quedan faltando muchos: Juan Pablo Ortega, Mauricio Cárdenas, Alejandro Gaviria, Mauricio García, William Ospina, Karen Abudinen, María Paz Gaviria, entre aquellos que, dentro de su campo específico, podrían asumir las riendas de un país donde algunos se atornillan al poder y otros simplemente lo usan para su propio beneficio, con las pocas excepciones propias de cualquier actividad humana.

Lo que sí es positivo es que existe materia prima nueva no contaminada, como ha sucedido siempre a través no solo de nuestra historia, sino de la historia misma de la humanidad.

Se ufanan las autoridades de todos los niveles de la disminución, el pasado año, de homicidios, lesiones personales, secuestros, accidentes de tránsito y otra serie de delitos y crímenes que tradicionalmente nos agobian. Lo presentan como logro de sus gobiernos, lo cual no es cierto, ya que están omitiendo un pequeño detalle: el 2020 ha sido un año atípico por la pandemia y durante casi medio año hemos estado semi encerrados, lo cual genera condiciones que no propician este tipo de crímenes. Es bueno saber cómo ha crecido la violencia intrafamiliar, los abusos con menores y mascotas, y todo aquello asociado con la intolerancia, sin dejar de tener en cuenta los exterminios y masacres que no tienen control por parte del gobierno.

Crudísima la ola invernal que nos agobia por estos días. Se siguen presentando inundaciones en algunos sectores recurrentes de nuestra ciudad, así como tragedias por deslizamiento en sectores también previamente diagnosticados.

¿Mal dimensionamiento de las redes de alcantarillado? ¿Falta de mantenimiento de las redes de alcantarillado? ¿Mal comportamiento ciudadano en el manejo de las basuras y los escombros? ¿Desidia gubernamental o incapacidad para evacuar oportunamente a la gente que habita en lugares de más alto riesgo?

Respuestas no hay, disculpas, afectados y muertos sí.

Por estos días se vuelve a mencionar un trayecto dentro de nuestras carreteras que hace decenios fue todo un hito en las competencias ciclísticas: La subida al Páramo de Letras. Resuenan en mis oídos las transmisiones de Julio Arrastía Bricca, acompañado por Alberto Piedrahíta, donde se narraba la epopeya de un Cochise Rodríguez, montado sobre su “caballito de acero”, que no tenía nada que ver con las sofisticadas ciclas de hoy.

De Mariquita al Páramo de Letras hay 80 kilómetros de pendiente continuada. Deberíamos aprovechar nuestro buen nivel ciclístico internacional para promover una jornada mundial de escaladores, con este trayecto, la subida al Alto de Minas, una crono etapa a Santa Helena y otros tantos circuitos montañosos que merecen ser desafiados y/o padecidos por los mejores del mundo.

NOTA: Mis mejores deseos por un año 2021 más generoso que el 2020.

viernes, 16 de octubre de 2020

Por los ciclistas

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Las imágenes que se hicieron vírales por las redes sociales no pudieron ser más estremecedoras: un ciclista pedalea ascendiendo un viaducto, cuando de pronto un furgón blanco lo embiste y en fracciones de segundo el hombre choca violentamente con el muro de concreto y finalmente cae cinco metros al vacío y se estrella contra el pavimento de la vía que por allí pasa. Sorprende la acción que en principio podría juzgarse como accidental, aterra que el conductor siga de largo como si nada y huya de la escena del crimen, alivia la noticia de su captura, indigna su casi inmediata liberación “porque no fue capturado in-fragranti”, duele la muerte impune de la víctima, clama al cielo esa “justicia” nuestra.

El trágico evento no es excepcional ni aislado. Las altas cifras de accidentalidad, más que estadísticas frías, deberían sacudir las conciencias de las autoridades y generar medidas rigurosas de ordenamiento para la movilidad de vehículos, motocicletas, bicicletas, patinetas y los mismos peatones. Nuestro tráfico cotidiano es caótico por lo anárquico y si no hay más muertes es por la misericordia de Dios.

Este país nuestro ha vibrado y sigue vibrando con el ciclismo. De pequeño escuchaba las transmisiones que el legendario Carlos Arturo Rueda C. narrara desde el Caracol verde o el Caracol habano. Atrás quedaron Efraín “el Zipa” Forero, mi héroe Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, luego Lucho Herrera o Fabio Parra y más recientemente Nairo Quintana y Egan Bernal. Nos emocionamos con sus triunfos e imaginariamente nos volvimos sus émulos cuando aprendimos lo que nunca se olvida: montar en bicicleta. Lo paradójico es que cuando los encontramos en las vías nos incomodan y fastidian. Ahí está el quid del asunto.

El insuceso mencionado generó un fuerte debate sobre el cuidado con los ciclistas y de todo ese ir y venir, me va quedando claro que el respeto a la vida humana es un no negociable. Quien conduce un vehículo de gran tamaño no debe intimidar ni arrinconar al que maneja un auto pequeño y este debe estar atento a no lesionar a quien en una bicicleta es vulnerable y quien pedalea su bici debe respetar al peatón que cruza la calle o camina por el andén. La cadena de agresividad del grande frente al chico, con la ley del más fuerte, aquí se hace patente. La vida, ante todo. Finalmente, tras esos aparatos, seres humanos.

Las autoridades responsables de la movilidad en nuestro país cometen desde hace tiempo un grave pecado mortal por omisión: no poner orden ni regular el tráfico vehicular y peatonal. Hay que volvernos a educar en las normas básicas de convivencia al respecto. Demarcar los carriles de velocidad: lentos a la derecha, rápidos a la izquierda. Los motociclistas culebrean zigzagueando irresponsablemente y no pasa nada. Nos ufanamos de ser una ciudad amigable con los ciclistas porque se han trazado decenas de kilómetros de ciclo rutas y los feriados se aumentan con las ciclovías, pero las demarcaciones no se respetan por los mismos ciclistas que o no las usan al invadir el carril de los carros o las emplean mal al ir en contravía, por ejemplo. Nuestra víctima que inspiró esta nota, iba por el carril equivocado, máxime en una autopista de alta velocidad, pues siempre debería ser por la derecha. Claro, eso no excusa el asesinato, pero sí deja una muy costosa lección para aprender.

Las últimas alcaldías han promovido el uso de la bicicleta y eso está muy bien en aras de la salud y del ser más solidarios con el medio ambiente, pero también es muy importante la responsabilidad al saber usar estos aparatos: los andenes no son para hacer juegos y piruetas y menos para andar desbocados llevándose por delante a todo el mundo. Teniendo ciclo rutas hay que usarlas no invadiendo los carriles de los autos y moviéndose por ellos como si fuera un ciclo paseo. Todo a su tiempo y en su justo lugar. No hay de otra. Es por los ciclistas y obviamente, también por nosotros, es decir, por todos.