Mostrando las entradas con la etiqueta Café. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Café. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2026

Desde el centro, anotaciones: mientras el tinto se enfría

Tinto en la Plazuela San Ignacio, Medellín

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Entrar a Juan Valdez o a Starbucks, donde el café tiene un costo entre 5000 y 10000 mil pesos, este viene acompañado de una historia bien contada, se vende la experiencia. En estos sitios el café no solo se toma, se representa. En el centro, en cambio, el café no se explica, se sirve.

Dicen que el mejor café se exporta. Que lo bueno se va y aquí nos dejan la pasilla. Aunque nadie lo ha comprobado del todo, nadie lo discute. Es una frase repetida, incuestionable, que circula con la misma facilidad que el tinto, caliente.

En la Plazuela de San Ignacio, por lo general, se reúnen más de 13 vendedores de café. No se distinguen por género ni por edad. Algunos solo venden tinto, otros lo acompañan con café en leche y pocos ofrecen aromáticas de todos los aromas posibles. Unos cargan termos gastados; otros empujan carros que antes se utilizaban en supermercados y que son convertidos en tiendas rodantes que sufren cada grieta del suelo.

Están ahí todos los días, desde antes que salga el sol hasta después de ocultarse. El tinto, producto estrella del parque, tiene un costo entre $1300 y $1500, y el que vende no habla de exportaciones ni de denominación de origen ya que el parque tiene su propia economía.

Se pueden vender al día de 9 a 13 termos, cada termo genera entre 10 y 12 tintos dependiendo si el cliente lo pide doble. Ellos dicen que muchos lo compran por necesidad, por despertar o por no dormir, es la excusa para detenerse cinco minutos sin sentirse improductivo. Se toma de pie, rápido, sin ceremonia. Nadie pregunta de dónde viene el café. Nadie exige calidad. Nadie toma fotos.

El tinto del centro no necesita relatos, se vende en vaso desechable, se paga con monedas, mientras tanto, los titulares de los medios presumen del café que producimos hablando de los millones que dejan.

En el parque se exporta orgullo, consumimos costumbre, tal vez el engaño no esté en la calidad del grano, sino en la forma de mirar.

Convertimos lo cotidiano en paisaje y luego nos preguntamos por qué nada nos sabe a identidad.

El tinto se sirve caliente, el parque sigue funcionando. Sin embargo, cada taza es un acuerdo silencioso: calor a cambio de unas monedas, dignidad a cambio de minutos.

En el parque no se habla de desigualdad, el mejor café se exporta. El más urgente se toma de pie.

domingo, 28 de julio de 2019

Del café a la "naranja"



Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
Colombia ha tenido en la base de su economía a la agricultura. Gran parte del PIB se ha basado en el sector primario donde la producción cafetera normalmente salvaba el crecimiento del producto y era un gran generador de empleo en el país. Ante la comunidad internacional, el café era el producto insignia de exportación, el cual abría mercados y compensaba la mala imagen que nos dejaba el narcotráfico. Colombia, un país tropical ubicado estratégicamente en el planeta, ha recibido herencias de todos los rincones las cuales ha generado una mezcla de condiciones para crear una raza optimizada para los contenidos creativos.

El acordeón fue creado en Alemania y por su dificultad para tocarlo fue desterrado de Europa y enviado a América como desecho. Entró por la Guajira y hoy todos conocemos el resultado. El país comienza a tener figuras en los deportes, las artes y la música de talla internacional. Artistas como Botero, García Márquez, Juanes, Shakira, Carlos Vives, J Balbín y un sinnúmero detrás han dejado en alto el nombre del país cambiando el estigma de violencia al que estábamos abrumados. Hoy en los Grammy figuran colombianos en todas las categorías, los deportistas van por la de oro y se habla de un cambio cultural donde se promueve a Colombia como destino turístico.

El 23 de mayo de 2017 el congreso de Colombia aprobó la Ley 1834 llamada ley ¨naranja¨ o de economía creativa. Las cifras son alentadoras en medio del letargo económico y el acostumbrado pesimismo. Los contenidos creativos son el quinto bien más transado del planeta, el PIB creativo en solo música, artes escénicas y audiovisuales movió mas de 20 billones de pesos en 2018. En todo el mundo la economía naranja mueve cerca de 4.2 billones de dólares. Hoy genera más ingresos que la minería o el café. Las solas exportaciones naranja podrían cerrar la brecha de la balanza comercial deficitaria en un 30 %. La economía naranja equivale a 2.5 veces los gastos militares del mundo.

Los contenidos creativos son de alto valor agregado y pongamos el ejemplo de un cuadro de botero donde las pinturas y el lienzo podrán valer 1 millón de pesos pero ya terminado vale más de 1 millón de dólares.

Por increíble que parezca, hoy Colombia es potencia mundial en contenidos creativos donde el resto del mundo están escuchando música colombiana y consumiendo del sello creado en Colombia. La invasión colombiana llega a Rusia, Asia, Europa y toda América y debemos de manera juiciosa y reflexiva inspirar el cambio cultural que nos llevará por los buenos caminos en la senda del crecimiento.

En definitiva, la economía naranja es una oportunidad infinita para la recuperación y el crecimiento que ya hace parte de las nuevas formas de la economía colombiana.