Fredy Angarita
Hace poco, en
varios medios de comunicación, apareció un artículo donde se afirmaba que
Medellín es la ciudad más costosa para vivir en Colombia, con un titular que
alarmaba: «Medellín ya está más cara que Bogotá: precios de los
arriendos son 7 % más altos».[1]
Esto se debe,
en buena parte, a su creciente popularidad entre los nómadas digitales, una
demanda extranjera con capacidad de pago generalmente superior a la de los
locales.
Entre los
principales motivos que hacen que escojan la ciudad para residir están:
* Clima
primaveral todo el año.
* Costo de vida
relativamente bajo (para extranjeros).
* Buena
infraestructura urbana y digital.
* Cultura
amable, vida social y paisaje humano.
* Accesibilidad
y ubicación estratégica (Medellín está a pocas horas de vuelo de EE. UU.,
México o Centroamérica).
Curiosamente,
al mismo tiempo que se habla del alto costo de vida, también se conmemora este
año el aniversario número 350 de Medellín, más exactamente el 2 de noviembre,
fecha en la que, en 1675, se fundó la Villa de Nuestra Señora de la
Candelaria de Medellín.
Con motivo de
esta celebración, mi novia conoció un programa liderado por la Secretaría de
Medio Ambiente –y que luego me compartió– llamado “Noches en los Cerros
Tutelares”, que consiste en realizar recorridos por los siete cerros
tutelares de la ciudad.
Se les llama tutelares
porque proviene del latín tutela: proteger, amparar, cuidar o vigilar. De
ahí que se consideren los cerros que “custodian” o “protegen” la ciudad.
El término
comenzó a usarse oficialmente entre los años 1980 y 1990, cuando se buscó
reconocer su papel ecológico, histórico y espiritual, fomentando su
conservación como patrimonio natural y cultural. Antes de ser “cerros
tutelares”, muchos de ellos ya tenían significados sagrados para los pueblos
indígenas del Aburrá, como los Nutabes y los Aburraes.
Los siete
cerros tutelares son:
* Cerro
Nutibara: símbolo
urbano donde está el Pueblito Paisa.
* Cerro El
Volador: patrimonio
histórico y natural; sitio arqueológico indígena.
* Cerro Pan
de Azúcar: al oriente,
con miradores y senderos ecológicos.
* Cerro La
Asomadera: zona
oriental con alto valor ecológico.
* Cerro El
Picacho: al
noroccidente, con una cruz visible desde gran parte de la ciudad.
* Cerro Las
Tres Cruces: muy
visitado por deportistas.
* Cerro Loma
Hermosa: pertenece a la
Comuna 13, San Javier, y al corregimiento de San Cristóbal; de gran valor
ecológico y ambiental.
Durante los
recorridos, nos enseñan a romper mitos urbanos, a tener otra visión de la
ciudad y a comprender la importancia de estos lugares para nuestro ecosistema.
Pocos saben que
contamos con el páramo más pequeño del mundo, Las Baldías, y que
Medellín posee el 25,6 % de la diversidad de aves del país, en tan solo
el 0,033 % del territorio nacional. Además, tenemos más de 4200
quebradas, y aquí habita el segundo felino más grande de Colombia, cada
recorrido asombra y nos recuerda la riqueza del territorio que habitamos.
La invitación
es a conocer estos lugares, a apropiarnos de ellos, a darle a nuestro
territorio el valor que merece. La llegada de extranjeros aporta dinamismo,
inversión y nuevas comunidades globales a nuestra ciudad –lo cual es muy
positivo–, pero también genera tensiones en la vivienda, un aumento en los
alquileres y un consumo desligado del contexto local.[2]-[3]
Por eso, invitemos
a los nómadas digitales a conocer el entorno donde decidieron convivir.
Mostrarles que la ciudad desde sus cerros, desde sus quebradas y su historia,
puede transformar la forma en que la habitan. No evitará que Medellín se
encarezca, pero sí puede lograr que quienes llegan se conviertan en embajadores
de su verdadera esencia: la de una ciudad que respira entre montañas, donde
la vida y la memoria crecen juntas.
Aprendamos a valorar lo que tenemos. Feliz aniversario, Medellín. Tres siglos y medio de memoria, de calles que cuentan y cerros que escuchan.
Galería
|
|
|
|
|
|


