Páginas

jueves, 23 de octubre de 2025

Medellín, entre los cerros y el costo de vivir

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Hace poco, en varios medios de comunicación, apareció un artículo donde se afirmaba que Medellín es la ciudad más costosa para vivir en Colombia, con un titular que alarmaba: «Medellín ya está más cara que Bogotá: precios de los arriendos son 7 % más altos».[1]

Esto se debe, en buena parte, a su creciente popularidad entre los nómadas digitales, una demanda extranjera con capacidad de pago generalmente superior a la de los locales.

Entre los principales motivos que hacen que escojan la ciudad para residir están:

* Clima primaveral todo el año.

* Costo de vida relativamente bajo (para extranjeros).

* Buena infraestructura urbana y digital.

* Cultura amable, vida social y paisaje humano.

* Accesibilidad y ubicación estratégica (Medellín está a pocas horas de vuelo de EE. UU., México o Centroamérica).

Curiosamente, al mismo tiempo que se habla del alto costo de vida, también se conmemora este año el aniversario número 350 de Medellín, más exactamente el 2 de noviembre, fecha en la que, en 1675, se fundó la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín.

Con motivo de esta celebración, mi novia conoció un programa liderado por la Secretaría de Medio Ambiente –y que luego me compartió– llamado “Noches en los Cerros Tutelares”, que consiste en realizar recorridos por los siete cerros tutelares de la ciudad.

Se les llama tutelares porque proviene del latín tutela: proteger, amparar, cuidar o vigilar. De ahí que se consideren los cerros que “custodian” o “protegen” la ciudad.

El término comenzó a usarse oficialmente entre los años 1980 y 1990, cuando se buscó reconocer su papel ecológico, histórico y espiritual, fomentando su conservación como patrimonio natural y cultural. Antes de ser “cerros tutelares”, muchos de ellos ya tenían significados sagrados para los pueblos indígenas del Aburrá, como los Nutabes y los Aburraes.

Los siete cerros tutelares son:

* Cerro Nutibara: símbolo urbano donde está el Pueblito Paisa.

* Cerro El Volador: patrimonio histórico y natural; sitio arqueológico indígena.

* Cerro Pan de Azúcar: al oriente, con miradores y senderos ecológicos.

* Cerro La Asomadera: zona oriental con alto valor ecológico.

* Cerro El Picacho: al noroccidente, con una cruz visible desde gran parte de la ciudad.

* Cerro Las Tres Cruces: muy visitado por deportistas.

* Cerro Loma Hermosa: pertenece a la Comuna 13, San Javier, y al corregimiento de San Cristóbal; de gran valor ecológico y ambiental.

Durante los recorridos, nos enseñan a romper mitos urbanos, a tener otra visión de la ciudad y a comprender la importancia de estos lugares para nuestro ecosistema.

Pocos saben que contamos con el páramo más pequeño del mundo, Las Baldías, y que Medellín posee el 25,6 % de la diversidad de aves del país, en tan solo el 0,033 % del territorio nacional. Además, tenemos más de 4200 quebradas, y aquí habita el segundo felino más grande de Colombia, cada recorrido asombra y nos recuerda la riqueza del territorio que habitamos.

La invitación es a conocer estos lugares, a apropiarnos de ellos, a darle a nuestro territorio el valor que merece. La llegada de extranjeros aporta dinamismo, inversión y nuevas comunidades globales a nuestra ciudad –lo cual es muy positivo–, pero también genera tensiones en la vivienda, un aumento en los alquileres y un consumo desligado del contexto local.[2]-[3]

Por eso, invitemos a los nómadas digitales a conocer el entorno donde decidieron convivir. Mostrarles que la ciudad desde sus cerros, desde sus quebradas y su historia, puede transformar la forma en que la habitan. No evitará que Medellín se encarezca, pero sí puede lograr que quienes llegan se conviertan en embajadores de su verdadera esencia: la de una ciudad que respira entre montañas, donde la vida y la memoria crecen juntas.

Aprendamos a valorar lo que tenemos. Feliz aniversario, Medellín. Tres siglos y medio de memoria, de calles que cuentan y cerros que escuchan.

Galería